lunes, 9 de septiembre de 2019

La dama del Sur, las mujer de los girasoles, ya se ha convertido en un arquetipo. Es inevitable, es la naturaleza del arte. Una naturaleza que ha logrado Ignacio Gaspar. Destrezas de arquitectura literaria aparte, abrir un mundo, mostrar otra realidad, no lo hace cualquiera. Tiene que ser alguien poseído por el don. El don de convocar mitos poderosos, donde ya no es el hombre el que decide, sino que llevado por las pulsiones de la tierra... Anoche empecé a leer 485 años después del año de la nana. En la lectura de juventud sólo pude apreciar el rasjeo de cuerda, el toque de tambor y la flauta mágica en el estilo de Ignacio. Hoy comienzo a apreciar la sólida estructura de su creación. Le he criticado, en Baile de tapados, la necesidad de haber podado un poco más con certero arte, frío, en contraposición al fuego que mueve la narración, pero hasta en esto es posible que yo, torpe lector, esté desacertado. Como los lectores de la editorial a la que Malcolm Lowry envió la copia mecanografiada de Bajo el volcán. La novela, si Lowry hubiese transigido a los cambios propuestos por lo lectores de la editorial, seguro que hubiese salido más ligera, más fluida, más destacado el baile de salón y novela-del-oeste que hace aromático --entre tanta hiel-- Bajo el volcán. 


domingo, 8 de septiembre de 2019

Hoy pasé de viejo-verde-infantil a buen hombre. Supongo que la diferencia entre "buen hombre" y "hombre bueno" es que el primero es alguien que pasa por la vida sin molestar a los demás, ni a sí mismo, y el segundo es alguien dedicado a hacer el bien, más productivo que el otro. Buen hombre tiene connotación --tendría que consultar-- de "pobre hombre". "Buen pobre hombre" es una descripción apropiada. Me la quedo.

Por lo demás, como aquella inolvidable canción; aquí sigo, en la misma calle, con la misma gente...

sábado, 7 de septiembre de 2019

Hoy Ignacio me trajo 485 años después del año de la nana. Si hay suerte, escribiré sobre esta remota obra, como ya hice con Idolos de bruma, de Roberto Cabrera. Dos pequeñas obras que, a pesar de sus defectos, si los hay, marcan un giro importante en la narrativa canaria. Subimos a comer al norte. Es una suerte tener amigos que de vez en cuando me saquen de aquí. Le pregunté por la vecina escritora de Charco del Pino. Por el nombre, no la conoce. A ver si me he estado entreteniendo con una mujer que me ha dado un nombre falso. No se debe caminar con nadie del que no sepas su nombre, aunque acierte a decir algunas verdades, como que soy un viejo verde con la mente infantil. Qué bien. En fin, no saldré del celibato con la desconocida.
Por la tarde estuve con Belén. De esta mujer sí sé el nombre y el color de sus ojos y la forma de sus labios y el modo de mover las manos para señalar las comillas. El retrato que le hice ya está en el salón de su casa.
--¿Qué te dijo tu hijo del cuadro?
--Ay mi madre --dijo cuando lo vio.
Por lo menos no es como otra mujer, una que hace tiempo me sacó del celibato, hasta que me cansé de que me vacilara. En cuanto le surgía una aventura más alegre, me daba disculpas para no verme. Pero se interesó por varios cuadros, Se los di. El destino fue el sótano. Pensaría que, como el mundo es raro y da muchas vueltas, a lo mejor esos cuadros tienen valor el día de mañana. El día de mañana nada tendrá valor. Pobrecita. Terminará tirándolos al contenedor, o si es piadosa, aportando material a una hoguera de San Juan.
A Belén le llevé la copia de Barrio Chino que leyó Eduardo. Ella es autora del epílogo. Si el autor en algún momento quiso salvar al narrador, el epílogo de Belén destroza esa buena intención. Gracias al epílogo logré distanciarme de los personajes y hasta el que, en un principio, era un objetivo a machacar, al final ha salido mejor parado que el principal, el narrador.
Bueno, está bien así. Los que quieren ponerse bien puestos, o demasiado mal puestos, azufre, como a los perros meones.
Y la vida sigue, no igual.

jueves, 5 de septiembre de 2019

"Hazte imposible para que siempre te recuerden", esto forma parte de dos versos inolvidables de Desangre libelular anónimo, de Roberto Cabrera. Lo acabo de recordar dando un paseo y oyendo en un balcón de edificio de barrio dos perros ladrando a otro, de una mujer que suele sentarse en la parada de la guagua a coger el fresco. Reclamé la atención de los dos perros y me puse a hacerle el contrapunto. Me enseñó Roberto. El contrapunto musical y el contrapunto dialéctico. Los perros me ladraban "hay que saber cuándo tienes que irte" y yo les replicaba "y cuándo tienes que quedarte". Nos pusimos de acuerdo y callamos. Dejaron tranquilo al pobre perro de la mujer sentada. Pero el dicho "hazte imposible" me lo hizo recordar un antiguo editor que hoy nos cruzamos en la rambla, frente al kiosco donde hay libros a un euro. Compré una vieja edición con el título Isadora. Desde que vi la película, hace más de 40 años en el cine Greco, esta bailarina --o la actriz que la interpretó-- me enseñó a danzar. La danza, la poesía y la pintura son tres cabezas de un Dragón.

El antiguo editor me saludó por compromiso. Hace más de cuarenta años me editó un cuento en una antología de narrativa canaria. Una vez, hace mucho tiempo, tuve en esa misma rambla una conversación con él  sobre el mundo literario y la puse en este blog, y el hombre, porque nunca falta un roto para un descosido, se enteró y en lo sucesivos encuentros fuimos más serios conversando y no memorables criticonas de pueblo. Hoy fue como si hubiera visto en mí a Mefistófeles, y saliera huyendo y exclamando vade retro, perro maldito. Me dejó tocado. La mala danza no me agrada ni cuando soy yo el que mal danza ni cuando danzan mal conmigo. En fin. Sobre el motivo del desdén hago conjeturas en el aire. ¿Me la tiene guardada y cualquier chismorreo lo reafirma? no sé. Me hizo recordar el cuento aquel que él publicó. No matarás.

Es un cuento rural. Mientras en la plaza la orquesta toca corridos canarios, un hombre baja por un camino de tierra a matar a otro. Cuando llega, el otro está dormido y decide no matarlo. No sé si hizo bien o no. El cuento es ese. Y está relacionado con Barrio Chino, por el lugar en que ocurre y por la naturaleza del conflicto. De todas maneras no es en esta obra donde podría ponerlo hoy. Sería recargarla. Está más adecuado en Agosta escribe. Agosta, mente febril, como aquel de La naranja mecánica, lee cuentos tristes como podría ser El artista del hambre. En la novela se muestra entero uno de los cuentos que lee. Si hay ocasión de revisar esa obra, lo principal es sustituir el cuento que está ahora por No matarás.  Es contrapunto del resto de la novela.

miércoles, 4 de septiembre de 2019

--La montaña la hizo famosa y la montaña la mató --Ibrahim.
--Déjame cinco euros hasta después, Ibra.
Juego a la máquina y recupero y gano algo. Le devuelvo los cinco euros.
--Por pronta devolución, no me cobrarás intereses.
--Yo siempre que presto quiero que me devuelvan el dinero exacto, sin intereses.
--Los prestamistas judíos se hicieron ricos cobrando intereses.
Me cuenta un préstamo que pidió su padre en La Gomera y lo que le costó pagarlo.

En la mesa uno están sentados el Puñalada y su novia, hombre recio y de pocas bromas, pero afable si te llevas bien con él. Los negocios honestos marcan una buena amistad, superficial pero sólida. Y a veces jugamos juntos y siempre que jugamos juntos hemos ganado. Más amistad.
*
Hago unos spaguetti. Lo peor de vivir solo es que comes solo. Bueno, tampoco importa demasiado. Tuve que visitar al mexicano pero la compra ha sido fructífera. Prácticamente concluí Barrio Chino. Tengo que pasarle la copia a Belén. Ha habido cambios importantes y tal vez quiera ampliar el epílogo. Eduardo ya la leyó. Me dijo que tenía que publicarla sin más cambios, y aunque el final es algo brusco --tengo que revisarlo-- está en sintonía con el resto de la novela. La comparó con El viaje al fin de la noche. Esto es mucho decir. Con que sea la mitad de buena, me doy con un canto en el pecho. Los poemas que he ido trabajando en el ordenador sin internet, también les estoy dándoles los penúltimos toques. A mí que no me digan, pero me engaña el narcisismo o esos textos van a ser importantes, si llegan a puerto, si se publican. Son tres obras. Una inspirada en mis gracias y desgracias con una cantante que mejor no digo el nombre. Otra es las coplas de Juan Cabrón. Es poesía narrativa, con argumento. No tiene nada que ver conmigo. Las composiciones tienen una agilidad rítmica y una filosofía nada despreciable.
Hoy acabé un escrito sobre Idolos de bruma. Me salió un texto volandero, y con afirmaciones un tanto arriesgadas. Relacionar la novela de Roberto con Schopenhauer seguramente provocaría la bronca de los conocedores de la Filosofía, pero como no van a leer la novela, por ahí me libro de críticas justas. La relación con 485 años después del año de la nana está más firme, el tiempo las relaciona.

Mañana me espera trabajo. Me voy a acostar con la imagen de una mujer quitándose las medias. Mi amiga con la que ahora guardo un silencio de reflexión, yo quiero su cuerpo y ella quiere mi alma, tiene otra manera de hablarme. Encantadora mujer. 

martes, 3 de septiembre de 2019

--... calatayud, zaragoza, después pasé por soria y ahí me llama un compañero cuando vuelvo tenía dos meses para incorporarme y me dice la empresa tiene dos meses porque no me dejaron ir a francia me negaron el pasaporte porque tú no sabes las historias que tengo yo en tan poco tiempo tengo un montón en capitanía estuve de escribiente y en la legión me apunté porque me tomé ocho optalidones y luego otros cuatro supermán y me apunté y como yo era el tío que sabía escribir a maquina terminé en el servicio de inteligencia del ejercito mira tú las cosas que pasan en la puta vida y  mi padre franco hijo puta porque yo estaba amargado y el viejo echando leche con franco y llamó a mi tío que no se llevaban muy bien pero bueno y fue Arencibia el que estaba en el cómo se llama servicio de inteligencia ahora no me acuerdo...
y no calla. ahí al lado en la mesa. me dijo que no creía en el tarot porque un brujo que hacía vudú no sé qué y hay por ahí unas cuantas cartas del tarot y le hago el juego de las tres cartas, en plan compadre, y sale que es un hombre templado beneficiado por el oro, la paga que tiene, y perjudicado por las copas de más y me está viendo enfrascado escribiendo y no para, ni lo miro pero él habla y habla
--... y llega el teniente y dice ese qué hace ahí...
la historia de la mili.
intento pensar en el soldadito de plomo, a ver si puedo seguir oyendo a este plomo que estuvo en la legión. El caso es que me acuerdo de la historia de su vida militar que me contó mi padre una noche. Otra noche me hice con un cuaderno y un boli para copiar el cuento, que me lo contara otra vez. No pudo ser. En fin, a ver si este se calla. Este es un barrio de locos. Uno soy yo, otro es la mujer gomera que sabe cantar y otro este hombre que no para de hablar, no sé si cobrarle. Si voy ahora y le dijo
--Media hora escuchándote, 20 euros. Otra media hora, 60 euros.
No le digo nada. Soy el único cobarde en esta tierra de valientes.
--Después ya no podías cambiarte de nombre en la legión. Yo llenaba la ficha y la mandaba al jefe de la policía del servicio de inteligencia, y anotaba si tenía familiares de izquierda o delincuente azul, delincuente de poca monta... y había un cabo que parecía un angelito, el cabrón estafaba a la gente, a los legionarios nuevos, cuando veo la ficha digo, vaya, el cabo gallego, y me enteraba de la vida dél enteramente... los oficiales trabajaban hasta las dos de la tarde... a mi me gustaba abrir los expedientes, ideológicos y políticos, yo ya tenía idea de izquierda, y un tio por ignorante casi mete la pata, él estaba el cartografía y había un capitán chusquero que no oyó porque si llega a oór, y el tío me dice hola comunista, y tuve que decirle lo que estaba en el expediente. Vamos los dos pal castillo y pal consejo de guerra y nos van a meter, tu y yo no nos conocemos, era bastante ignorante...

Le digo que el capitán chusquero a lo mejor lo oyó y se hizo el sueco y ya empieza con la biografía del capitán. Le digo y es verdad que me tengo que bañar para ponerme la inyección y bajar a hacer una copia de Barrio Chino. Tal vez recuerde lo que me contó mi padre una vez.

domingo, 1 de septiembre de 2019

un comienzo y dos finales

"El alguacil se alzó sobre sus estribos. Estaba tan airado contra el fraile, que temblaba de ira como la hoja del álamo."

Así comienza el del alguacil en los Cuentos de Canterbury. Así vi yo a uno de los poetas de este cuento, ya muy largo, escribiéndome en privado y bloqueando cualquier posible respuesta:

"Mira, Jesús, lo que es evidente es que no se te puede contradecir y llegado a un punto no utilizas argumentos sino insultos y es que además mezclas cosas que no tienen nada que ver contigo, porque no eres el centro de lo que ocurre. He respetado tu muro a pesar de esa estrategia del ruido y los insultos. Pero ya está bien de aguantarte. Por cierto, no me has hecho ningún daño. Adiós. Y es que te acercas o te internas incluso en la difamación."

Así debe acabar el cuento de los poetas. Fundido en negro. Aclaración en la oscuridad. El del fraile del libro, que contó su cuento antes que el alguacil, así terminó:

"--Hermano --dijo el diablo--, no te enojes, pero tu cuerpo y esta sartén me pertenecen de derecho. Tú vendrás conmigo al infierno hoy de noche, y allí te enterarás de nuestros secretos mejor que un doctor en teología.
Y con estas palabras, el horroroso demonio cargó con el ministril, que fue a dar en cuerpo y alma adonde los alguaciles tienen su legítima morada. Dios, que creó a su imagen al género humano, salve y guíe a todos nosotros y permita que este alguacil se vuelva bueno".