El zigurat de las novelas quedó en el olvido. Lo traslado ahora (en el mundo de las ideas) al cuento. El cuento impecable. En Canarias, en mi memoria están La posesión (Isaac de Vega), La fiesta (Antonio Bermejo), La mujer y el pájaro (Ignacio Gaspar) y uno que está, no recuerdo el título, en Ensalada de Canónigos (JRamallo) y otro en Retrato de Marlou Diesel (Marcelino Marichal). Gregorio Duque me nombró, cuando hablé de esto en facebook, dos cuentos de Víctor Ramírez, pero no los he leído.
La relación con los cuentos universales (es un modo de hablar) la tengo localizada en el caso de Bermejo (El artista del hambre, de Kafka) y en el de Gaspar (Macario, de Rulfo).
Estos estarían en el techo del zigurat. Pisos más abajo hay cuentos loables pero no impecables. Materia para la transformación. Si te fijas en el transcurso de la historia, los más sensatos autores (muchos anónimos) se alimentaron de obras precedentes y las transformaron. El transformador que supo hacer su oficio, ese dejó la obra en la posteridad. Imagino a un Kafka aburrido y obligado a custodiar los millones de folios que yacen en el Registro de la Propiedad Intelectual.
*
Mi amiga virtual estima mi escritura, como mi amiga del Rincón de la Reina estima hablar conmigo. Es un adelanto. Me acuerdo de una mujer judía, que conocí en tiempos de badoo, que cuando nos vimos me dijo que yo parecía otro, no el que le escribía cartas por correo electrónico. Y recuerdo también a otra mujer, vikinga, que viajó a Tenerife a conocerme y cuando me vio en el aeropuerto, adonde fui a buscarla, se le cayó el alma a los pies. Menos mal que luego atiné a levantársela, el alma. En fin, loro viejo no aprende idiomas. Pero sí puede aprender a afinar el que sabe. El lenguaje de lentejuelas del vodevil era lo que más me gustaba, y mi aspiración infantil era convertirme en un charlatán de feria, por eso me sedujo la poesía y me dio por ahí. Hoy ya no intento seducir. Ni intento amar, aunque esto es más complicado.
Su obra mágica la tengo junto a mí. Cerrada. La perla escondida.
En el recital sin nombrarla declamé unos versos que le hice. Casi nadie entendió nada. Sólo la mujer que salió al final y cantó a las mujeres kurdas me oyó. Como yo la oí a ella.
lunes, 4 de noviembre de 2019
domingo, 3 de noviembre de 2019
También hubo cosa buena en el recital de ayer. Pero si vas a una boda y en el pastel aparece un pelo, no hablas de lo bueno de la tarta sino del pelo. En fin, para que las cosas funcionen hay que aprender a que la vida son pelos. Lo que no perdono es el vino malo.
Entre lo bueno, una mujer que salió al final, y cantó a las mujeres kurdas. Cantaba bien y llegaba. Elena Martín.
*
De una novela mágica aparto el polvo que daña el cristal transparente. Novela con la magia de Cunqueiro pero con estilo africano de bebedor de vino de palma. El movimiento de las palabras debe alimentarse del movimiento de los astros. Cuando pierde de vista la geometría del universo, se estanca el cuento, y se marea la perdiz. Ese es el polvo que cubre el cristal donde se ven maravillas. Mi trabajo es el de un relojero que ajusta el ritmo y la armonía. No es broma. Pero el vino, en este caso, sí es bueno. Da vida.
Y de otras historias poco. Ramón al final no llamó.
*
Los animales preparan Ático Subterráneo. El casco obligatorio lo pillé hoy. Se lo pedí prestado a mi sobrina la hija de mi sobrina. Wang sigue amable. Le señalo los defectos de los cuadros que hace, pero cuando pienso en los míos, mis defectos, me callo la boca. Pero por lo menos tiene uno que es movimiento de los astros. Y me jode reconocerlo, hoy me fijé y me llamó la atención. El cuadro es un momento de mucho movimiento (barcos, camiones, gente..) en un muelle. Pero la sensación que me daba al mirarlo, es que el movimiento se había detenido, el tiempo se había detenido. Por la noche ( a cuenta de un debate, donde defiendo que 2+2 es 4 pero que también puede ser 5, en el caso de que en la suma se relacionen los volúmenes con el peso) estuve viendo cosas de la teoría de la relatividad, donde se relaciona la geometría con la física. Mucho para mí. Loro viejo no aprende idiomas.
Entre lo bueno, una mujer que salió al final, y cantó a las mujeres kurdas. Cantaba bien y llegaba. Elena Martín.
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De una novela mágica aparto el polvo que daña el cristal transparente. Novela con la magia de Cunqueiro pero con estilo africano de bebedor de vino de palma. El movimiento de las palabras debe alimentarse del movimiento de los astros. Cuando pierde de vista la geometría del universo, se estanca el cuento, y se marea la perdiz. Ese es el polvo que cubre el cristal donde se ven maravillas. Mi trabajo es el de un relojero que ajusta el ritmo y la armonía. No es broma. Pero el vino, en este caso, sí es bueno. Da vida.
Y de otras historias poco. Ramón al final no llamó.
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Los animales preparan Ático Subterráneo. El casco obligatorio lo pillé hoy. Se lo pedí prestado a mi sobrina la hija de mi sobrina. Wang sigue amable. Le señalo los defectos de los cuadros que hace, pero cuando pienso en los míos, mis defectos, me callo la boca. Pero por lo menos tiene uno que es movimiento de los astros. Y me jode reconocerlo, hoy me fijé y me llamó la atención. El cuadro es un momento de mucho movimiento (barcos, camiones, gente..) en un muelle. Pero la sensación que me daba al mirarlo, es que el movimiento se había detenido, el tiempo se había detenido. Por la noche ( a cuenta de un debate, donde defiendo que 2+2 es 4 pero que también puede ser 5, en el caso de que en la suma se relacionen los volúmenes con el peso) estuve viendo cosas de la teoría de la relatividad, donde se relaciona la geometría con la física. Mucho para mí. Loro viejo no aprende idiomas.
sábado, 2 de noviembre de 2019
Me sorprende que haya lectora que eche de menos lo que escribo. Lo que escribo es mierda y lo que escribe todo el mundo es mierda. Y mierda pinchada en un palo fue hoy el recital en Las Caletillas (Beatriz Martín me saca una foto en fb). El joven que pide perdón porque ha tenido una educación machista, por hablar de uno entre otros. Mejor que pida perdón por ser tan idiota. El resto de los poetas, incluido yo, una puta banalidad y pesadez. Y el lugar, para cagar, limpiarse el culo y mandarse a mudar. El vino caro y malo. No pongo una bomba porque no tengo material terrorista. Luis Almeida me regresó a la capital. Un taxi y a Ibrahim. Aquí si hay poesía de verdad. Lo otro son ganas de que te toquen el culo y encima el vino muy malo.
miércoles, 23 de octubre de 2019
Siempre de noche está abierto el ventanuco que da a la escalera. Pienso en el cuadro de Duchamp Desnudo bajando la escalera. El que imagino es Semidesnuda subiendo la escalera.
En el Club de Lectores me senté al lado de la mujer que regresó de Berlín. Tengo que aprenderme el monólogo de don Juan a doña Inés. Quizá tenga oportunidad de recitarlo en su oreja izquierda. Si es en la derecha, tendrá que ser aquel de Villon que, más o menos, dice:
El honor me importa un carajo
y la honra menos, que se metan en el culo
sus honras y sus honores.
Yo vivo con mi puta,
cabreado si no gana un puto duro.
La noche que no trae nada para llenar el caldero
me acuesto en el sofá y la dejo olvidada,
que se joda, pero los día que viene con el bolso lleno
follamos hasta el amanecer y nos reímos
de todos los clientes, gente con honra y honor
que defender, y ocultar. Ella no me oculta nada,
su coño tiene la tersura del diamante
y su boca el sabor de la cena.
Bueno, mejor le busco la oreja izquierda.
La que no fue es, rostro de Botticeli, la amiga (y lectora compañera) Teresa. Teresa se llama la protagonista de la novela que hemos leído. Una historia de amor lesbiano en el año 52 del siglo XX. Tabú entonces. Los progres del club no quisieron entrar al trapo cuando hablé de los tabús sexuales de hoy y aquí. Los hay ancestrales (el tabú del incesto) pero los hay que son por temporadas. La pederastia. ¿Quién la defiende hoy? El único cuento que he leído a favor (no pornográfico) es de Rubem Fonseca: un padre tiene un hijo torpe. Lo pone en clase particular con una maestra. El hijo aprende cuentas y letras en poco tiempo. La maestra es llamada a la policía por antecedentes pederasta con antiguos alumnos y sospecha con el actual. El padre interroga al hijo y sí, la sospecha tiene fundamento. El padre le dice al hijo lo que tiene que decirle a la policía. La maestra es declarada inocente. El padre sigue pagando las clases de su hijo. Está prosperando más que adecuadamente.
Luna de octubre. Menguante pero jodidamente sangrienta.
En el Club de Lectores me senté al lado de la mujer que regresó de Berlín. Tengo que aprenderme el monólogo de don Juan a doña Inés. Quizá tenga oportunidad de recitarlo en su oreja izquierda. Si es en la derecha, tendrá que ser aquel de Villon que, más o menos, dice:
El honor me importa un carajo
y la honra menos, que se metan en el culo
sus honras y sus honores.
Yo vivo con mi puta,
cabreado si no gana un puto duro.
La noche que no trae nada para llenar el caldero
me acuesto en el sofá y la dejo olvidada,
que se joda, pero los día que viene con el bolso lleno
follamos hasta el amanecer y nos reímos
de todos los clientes, gente con honra y honor
que defender, y ocultar. Ella no me oculta nada,
su coño tiene la tersura del diamante
y su boca el sabor de la cena.
Bueno, mejor le busco la oreja izquierda.
La que no fue es, rostro de Botticeli, la amiga (y lectora compañera) Teresa. Teresa se llama la protagonista de la novela que hemos leído. Una historia de amor lesbiano en el año 52 del siglo XX. Tabú entonces. Los progres del club no quisieron entrar al trapo cuando hablé de los tabús sexuales de hoy y aquí. Los hay ancestrales (el tabú del incesto) pero los hay que son por temporadas. La pederastia. ¿Quién la defiende hoy? El único cuento que he leído a favor (no pornográfico) es de Rubem Fonseca: un padre tiene un hijo torpe. Lo pone en clase particular con una maestra. El hijo aprende cuentas y letras en poco tiempo. La maestra es llamada a la policía por antecedentes pederasta con antiguos alumnos y sospecha con el actual. El padre interroga al hijo y sí, la sospecha tiene fundamento. El padre le dice al hijo lo que tiene que decirle a la policía. La maestra es declarada inocente. El padre sigue pagando las clases de su hijo. Está prosperando más que adecuadamente.
Luna de octubre. Menguante pero jodidamente sangrienta.
sábado, 19 de octubre de 2019
"Cuando sea tiempo de hacer un cambio, el universo te pondrá en una situación tan incómoda"...
Aparece esto en un grupo de lectores o seguidores de Castaneda/don Juan. En aquella juventud fue una guía, tan fuerte que cada vez que olvidaba sus reglas (las de don Juan), metía la pata. Siempre que fui un seguidor de don Juan, cuando lo tenía presente en la conciencia, actué con la fortuna a mi favor. Aprendes que el modo de lograr es no desear. Saber lo que quieres y no desearlo hace necesaria una visión del mundo y de ti mismo que se sale de lo corriente. No es fácil. Pero es la mejor manera de ganar una guerra: que no te importe perderla. Saber que ganar o perder son (forma parte de) espejismos. Algo así vi la otra noche en el poema de Blake en Atico 13. Salí de la flojera física mortal, pero no de un ánimo desangelado que, da igual dónde esté, el sitio o la gente, lo único que me hace sentir es que el mundo no tiene ninguna gracia. El que no la tengo soy yo. Sólo cuando me olvido de mí mismo me mantengo a flote. Por lo demás esté dónde esté, no soy buena compañía.
Que los amigos me traten con afecto es natural. Tener pocos amigos ayuda a distinguir si son verdaderos o no. Y lo que te das cuenta es que tiene uno que responder con la misma moneda. "El penique del Pobre vale más que todo el oro en las costas de África".
Me acuerdo ahora de una película de una poeta gitana que vi en el Para. Me acuerdo del personaje que se había casado con ella por capricho, quejándose en una escena del peso de la vida (el peso que él mismo se había buscado).
Lo que no es natural es que ayer en el viaje y hoy, en la vendimia, mi cuñado se portara con una amabilidad insólita, sin pasarse ni quedarse corto, incluso ofreciéndome el vino, con un tono de respeto que me asombró. Soñé ayer que me llamaba para hacer un viaje con él y mi hermana a no sé qué sitios de Europa. Un sueño que seguramente no tuvo altercados porque ya no me acuerdo del desarrollo. (Incluso recordar los sueños me fatiga porque ya pienso que es algo que no vale la pena hacer, recordar), pero la coincidencia con la realidad sí me intriga, una intriga sin respuesta. Pues resulta que me llamó para hacer el viaje, aunque no a Europa sino a La Orotava, con mi hermana, para empezar temprano la vendimia.
El caso es que el otro día soñé con ... y dio señales, una leve señal, en facebook. Esto me recuerda que a otra --amor más antiguo-- le debo un relato. Ella me contó el suyo de estos años sin saber uno del otro. Le dije que ya le contaría el mío. Supongo que lo haré cuando salga de la lamentable situación en la que me ha puesto el "universo". Si es que... no, no creo que cuente nada. No todo pasado fue mejor.
Aparece esto en un grupo de lectores o seguidores de Castaneda/don Juan. En aquella juventud fue una guía, tan fuerte que cada vez que olvidaba sus reglas (las de don Juan), metía la pata. Siempre que fui un seguidor de don Juan, cuando lo tenía presente en la conciencia, actué con la fortuna a mi favor. Aprendes que el modo de lograr es no desear. Saber lo que quieres y no desearlo hace necesaria una visión del mundo y de ti mismo que se sale de lo corriente. No es fácil. Pero es la mejor manera de ganar una guerra: que no te importe perderla. Saber que ganar o perder son (forma parte de) espejismos. Algo así vi la otra noche en el poema de Blake en Atico 13. Salí de la flojera física mortal, pero no de un ánimo desangelado que, da igual dónde esté, el sitio o la gente, lo único que me hace sentir es que el mundo no tiene ninguna gracia. El que no la tengo soy yo. Sólo cuando me olvido de mí mismo me mantengo a flote. Por lo demás esté dónde esté, no soy buena compañía.
Que los amigos me traten con afecto es natural. Tener pocos amigos ayuda a distinguir si son verdaderos o no. Y lo que te das cuenta es que tiene uno que responder con la misma moneda. "El penique del Pobre vale más que todo el oro en las costas de África".
Me acuerdo ahora de una película de una poeta gitana que vi en el Para. Me acuerdo del personaje que se había casado con ella por capricho, quejándose en una escena del peso de la vida (el peso que él mismo se había buscado).
Lo que no es natural es que ayer en el viaje y hoy, en la vendimia, mi cuñado se portara con una amabilidad insólita, sin pasarse ni quedarse corto, incluso ofreciéndome el vino, con un tono de respeto que me asombró. Soñé ayer que me llamaba para hacer un viaje con él y mi hermana a no sé qué sitios de Europa. Un sueño que seguramente no tuvo altercados porque ya no me acuerdo del desarrollo. (Incluso recordar los sueños me fatiga porque ya pienso que es algo que no vale la pena hacer, recordar), pero la coincidencia con la realidad sí me intriga, una intriga sin respuesta. Pues resulta que me llamó para hacer el viaje, aunque no a Europa sino a La Orotava, con mi hermana, para empezar temprano la vendimia.
El caso es que el otro día soñé con ... y dio señales, una leve señal, en facebook. Esto me recuerda que a otra --amor más antiguo-- le debo un relato. Ella me contó el suyo de estos años sin saber uno del otro. Le dije que ya le contaría el mío. Supongo que lo haré cuando salga de la lamentable situación en la que me ha puesto el "universo". Si es que... no, no creo que cuente nada. No todo pasado fue mejor.
domingo, 13 de octubre de 2019
El picoleto de baja habla con la novia del cubano santero, que barre por fuera su casa, frente al carrito de Vicenta. Me oye llegar, por el bastón, de palo, sin goma. Toc, toc.
--Te voy a contar un chiste. En la parada de la guagua esperaban un padre con siete hijos y un cojo con una pata de palo. Llegó la última guagua, casi llena y cuando subieron los siete hijos el chófer les dijo a los dos hombres que ya estaba completo y que ellos se fueran andando. Empezaron a andar, el cojo detrás, toc, toc. El de delante ya nervioso le recriminó que por qué no le ponía una gomita a la puta pata. Y el cojo le dijo: Si tú te hubieras puesto una goma en la polla, ahora estaríamos en la guagua y no caminando como pollabobas.
El caso es que el nota, nada más acabar el chiste, se fijó en la tierra bajo el manguero y vio una goma que encajó en el bastón. Sólo hay que ponerle pegamento. Es pequeña y negra, discreta. La novia del cubano santero, traje rojo suelto, muy bien elegido, se quedó sorprendida. Dejó de barrer.
Por la tarde toca en la puerta la señora Carpentier. Le digo que entre y si no entra que no espere que yo me siente con ella en un banco a hablar de literatura. Mañana, si me levanto, voy a La Granja al homenaje a Isabel Medina. Si me acuerdo pido en la Bibloteca El marino que perdió la gracia del mar. Y entonces sí me siento con ella en la calle, y se lo leo, a ver si aprende. Y si no quiere que se lo lea, pues nada. Lo vuelvo a leer yo solo.
A Alicia Contreras, compañera del Club de Lectura, le dan un premio literario. Recuerdo que en su estancia en El Médano me prometió leer El marino que perdió la gracia del mar y La casa de las bellas durmientes. Dos novelas japonesas. Japonesa también es la película que más me ha impresionado: El valle de Narayama, un sitio adonde van a morir los viejos que pierden los dientes para que en el invierno quede comida para los demás. La historia la marca la mujer anciana pero fuerte, dentadura fuerte, que se rompe los dientes sin piedad, con una piedra, para que su hijo la lleve a Narayama.
El vecino político jardinero intenta ayer pegar la hebra con su monólogo.
--No tengo gansas de oírte.
No es el único a quien no tengo ganas de oír.
--Te voy a contar un chiste. En la parada de la guagua esperaban un padre con siete hijos y un cojo con una pata de palo. Llegó la última guagua, casi llena y cuando subieron los siete hijos el chófer les dijo a los dos hombres que ya estaba completo y que ellos se fueran andando. Empezaron a andar, el cojo detrás, toc, toc. El de delante ya nervioso le recriminó que por qué no le ponía una gomita a la puta pata. Y el cojo le dijo: Si tú te hubieras puesto una goma en la polla, ahora estaríamos en la guagua y no caminando como pollabobas.
El caso es que el nota, nada más acabar el chiste, se fijó en la tierra bajo el manguero y vio una goma que encajó en el bastón. Sólo hay que ponerle pegamento. Es pequeña y negra, discreta. La novia del cubano santero, traje rojo suelto, muy bien elegido, se quedó sorprendida. Dejó de barrer.
Por la tarde toca en la puerta la señora Carpentier. Le digo que entre y si no entra que no espere que yo me siente con ella en un banco a hablar de literatura. Mañana, si me levanto, voy a La Granja al homenaje a Isabel Medina. Si me acuerdo pido en la Bibloteca El marino que perdió la gracia del mar. Y entonces sí me siento con ella en la calle, y se lo leo, a ver si aprende. Y si no quiere que se lo lea, pues nada. Lo vuelvo a leer yo solo.
A Alicia Contreras, compañera del Club de Lectura, le dan un premio literario. Recuerdo que en su estancia en El Médano me prometió leer El marino que perdió la gracia del mar y La casa de las bellas durmientes. Dos novelas japonesas. Japonesa también es la película que más me ha impresionado: El valle de Narayama, un sitio adonde van a morir los viejos que pierden los dientes para que en el invierno quede comida para los demás. La historia la marca la mujer anciana pero fuerte, dentadura fuerte, que se rompe los dientes sin piedad, con una piedra, para que su hijo la lleve a Narayama.
El vecino político jardinero intenta ayer pegar la hebra con su monólogo.
--No tengo gansas de oírte.
No es el único a quien no tengo ganas de oír.
sábado, 12 de octubre de 2019
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