miércoles, 13 de noviembre de 2019

y un rayo misterioso, luciérnaga furiosa... el día que tú me quieras...

No había descubierto que se puede escribir aquí con tangos sonando en el telón de fondo.

la vida es un cuento,
la vida es un tango
y quien no la baila
es un machango

solía decir mi padre, que cantar no sabía una nota, como yo, pero le salía solas las coplas vulgares, como a mí

Después de Gardel viene otro. Canta peor.

Fuiste compadre del engaño y de la vida
y hasta comadre del fervor y la pereza....

las nostalgias en mi alma hacen su nido
cuando tu canto nace al sol de un bandoneón

Mejor esta voz que viene ahora. De mujer: Ada Falcón

cuando temblando mi amor primero
y todos los años tus flores renacen...
y así sé que hay que fingir para vivir

y todos los años tus flores renacen
porque ya no vuelve mi primer amor.

Y ahora otro, voz de hombre otra vez

Caminito que lindo pasaba
desde que se fue
triste vivo yo
Caminito que feliz recorría cantando mi amor,
caminito amigo, yo también me voy...

Suena el bandoneón

no hay portera ni vecino...

Te siento mujer de aire bailando ahora aquí, con pasos girando siempre hacia la izquierda, en contrapunto con el tiempo

que en la última farra de mi vida

yo me emborracho por ella
y ella quién sabe qué hará...

Voz de mujer otra vez. Libertad Lamarque

... y yo
jamás la podré olvidar...

y aunque parece que el cuerpo languidece...

quién sabe si supieras
que nunca te he olvidado


martes, 12 de noviembre de 2019






Televisión del bar. Aventuras de la guardia civil de carreteras. Tedioso programa. La vida y la muerte sobre el asfalto. El móvil no tiene batería y no me entero de los resultados electorales. Un perro lanudo se acerca, pone las patas en la silla y me saluda. Las mesas que estaban fuera las meten para adentro. "El guardia se hace cargo de la situación pero el asunto es muy grave". Dejo de mirar la tele, le pregunto a la mujer del bar si están cerrando. Me dice que no, sonriente. El marido es el que no sonríe.

--No quiero ver a ninguno de esos políticos, manada de mamones, pónganse todos a trabajar --gruñe el hombre, pinta de chimpancé. La mujer es más parecida a una jirafa. Ella está iluminada. Él está apagado.  No tiene fuego, ella sí. Le pido fuego y salgo a dar una vuelta por la plaza.

Subo con intención de volver adonde me dejó Ramón, las calles desierta. 50 metros de empinada cuesta que me costó subir y en vez de seguir a la izquierda, por camino llano, seguí subiendo, extrañado de que la cuesta fuese tan larga, y el caso es que ahora la subía como una cabra, casi saltando, y más arriba vi una puerta abierta con luz dentro de la casa y la curiosidad me acercó a la figura que estaba en la puerta. Una mujer de edad, una anciana con pañuelo violeta oscuro en la cabeza.

¿Chito?, ¡Chito!...

Extrañado me quedé. ¿De qué me conocía la señora que estaba en la puerta?

--Chito, chito, ven, por dios, no te vayas

Paré de irme.

--Ven

Fui.

--¿No te acuerdas de mí?, yo era la que le llevaba el mejor pescado a tu madre, yo lo escogía porque sabía que tú ibas a comer ese pescado.
--No me acuerdo, señora, pero ya he cambiado...
--Conservas el mismo... Voy a hacer un café.
Hizo el café. Lo comencé a sorber con temor pero estaba tan bueno que perdí el temor.
La anciana me enseñó un sobre, procedente de Venezuela, que no había abierto. La carta había dormido dentro del sobre unos cuarenta años. Me dijo que lo abriera y le leyera la carta.
La leí.

*

--Ven a verme en la fiesta...

Me besó la frente. Descendí la empinada cuesta sin dificultad, casi sin usar el bastón. Hasta que llegué a la plaza, donde aún estaba abierto el bar Las Nieves.
Cuando cerraron fui hacia la parada de la guagua, esta vez sin equivocarme. Yo llegando a pie y Ramón llegando en el coche. Nos acercamos al centro cultural, lugar donde votar, animado de gente, la tele dando los resultados de las elecciones, excelentes sardinas y buen vino.
Ramón en animada conversación. Ya lo tienen como del pueblo.
Un hombre ya trabajado, apoderado del PSOE, oye las declaraciones de Pedro Sánchez.
--Yo soy del PSOE desde hace cuarenta años, y aunque soy analfabeto sé lo que hay. La cosa está turbia.

Regresamos. Desde lo alto, a un lado de la peña del León y la Calavera, paramos a hacer una foto. Taganana la nuit, la tituló Ramón en recuerdo de Pimentel.


lunes, 11 de noviembre de 2019

El cuento de hadas no tiene piedad ni contemplaciones. Cuanto más antiguos, más bestias. Y el lenguaje narrativo es esencial, todo es pertinente en el lenguaje, no hay nada que estorbe.

Esta semana empecé a pensar en el de Caperucita. En la relación de la madre y la hija. Lo relacioné con otro cuento --no en el canon de las hadas-- de Yourcenar. Este es de una viuda que recibe a escondidas por la noche al asesino de su marido, un hombre que vive oculto en el bosque. Un día el pueblo logra atraparlo y ajusticiarlo. Lo matan. Alegres de su hazaña van a darle la buena noticia a la viuda. Y la viuda, hipócritamente, agradece lo que hicieron. Pero por dentro la maldición que les echa es terrible.
En el de Caperucita Encarnada, lo que imaginé es que la madre de Caperucita la manda a casa de la abuelita para que no esté por los alrededores cuando la vaya a visitar el hombre que le alegra el día. El lobo es un laja, un pendenciero ensatirado que se tira a la abuelita y se tira a Caperucita. y el cazador el que salva a Caperucita de la mala vida que le va a dar el lobo. Lo que vendría es continuación no escrita. El cazador, que es el hombre que va a visitar a la madre, no deja de saber que ya Caperucita es una mujer. Incluso puede estar anunciado el nuevo enamoramiento en el cuento ya escrito: el cazador mata al lobo por celos.

Hoy estuve trajinando la cabeza con el de Belladurmiente. En una tesis que encontré buscando información se dice que los cuentos de hadas responden a un canon patriarcal:

"Los cuentos de hada clásicos imbrican un logocentrismo fundamentado en binarismos reduccionistas  (masculino/femenino, activo/pasivo, razón/emoción, cultura/naturaleza, etc.) que en su jerarquía relacional privilegia al hombre y sustenta el sistema patrialcal".

Mi madre, el doctoral estilo. En fin, seguiré hojeando la tesis. Pero no veo yo en Belladurmiente el patriarcado. La cosa comienza con una madrastra que anula al pobre padre de la niña y luego, cuando la niña comienza a tener edad de mujer, la cólera de los celos delatan a la madrastra. La niña huye y lo pasa muy bien con siete hombrecitos cada cual con su defecto y su virtud. Pero el que la despierta a la vida es el que sabe besarla bien, el que la saca del sueño provocado por la manzana que le dio la madrastra.

En fin, lo único cierto es que un cuento de hadas hay que empezarlo con érase una vez hace mucho tiempo...

Cuento de hadas fue el viaje ayer con Ramón a Taganana. Quizá lo cuente.

sábado, 9 de noviembre de 2019

La mala racha ha fastidiado los buenos propósitos. Comprar cartera nueva, nueva radio y nuevo despertador. A la cartera mora se le desvaró el hilo, la radio no funciona y el despertador tampoco.

Ayer hablé con un colega sobre la vida y la literatura. Quedé con él en la plaza de Ibrahim, y vi en el móvil que eran las cinco y media pasadas y me extrañó ver Ibrahim cerrado, la puerta metálica luciendo plateada en lo alto de la escalinata. Ni me acordé que tengo el  móvil con la hora peninsular, como el filósofo Muguerza cuando estuvo dando clases por Tenerife. Perder el control del tiempo, del dinero y del ruido del mundo está bien si vives fuera del mundo, si no, es una jodienda, o una insensatez.

Insensato vivo. No bajo a Hacienda a cambiar la dirección. Hace tiempo recibí una carta, sobre la pensión, a la casa de San Andrés, y me avisaron tarde. Así que tendré que pedir número a los burócratas que mueven eso. La residencia también tengo que cambiarla. Llega el invierno.

Hablamos de Candelaria Villavicencio. Su poesía la visualizo como un remolino que fluye hacia un fondo oscuro, y al otro lado de esa circular negritud, se unen todas las palabras en una. Hace ver lo que hay más allá de lo que es aparente. Poeta mayor Candelaria Villavicencio.

Tema más general con mi interlocutor fue el amor. Terminé diciéndole que yo había mandado al carajo el amor. Frase efectista y que te puede sacar de un apuro en un debate, pero mentira. Como todas las frases efectistas. En el feibu ha corrido estos días una de Camus, un hombre que sabía pensar: "Que no te ame quien amas es una desventura, pero la desgracia es no saber amar".

Hay un poema de Kerouac que lo recuerdo en esencia desde que lo leí en lejanos tiempos:

El peso del mundo es amor.
 Obsesionado con ángeles o demonios
no se vive sin sueños de amor

Es casi lo mismo que le dice el doctor Vigil, su amigo, al cónsul en Bajo el volcán, creo recordar que en la escena donde los dos amigos están frente a la Virgen de los Desamparados, la de los que no tienen a nadie:

--"No se puede vivir sin amor".

Bajo el Volcán comienza, capítulo 2, con el cónsul bebiendo en una cantina, pensando en Ivonne, obsesionado de amor amargo con Ivonne, y ella regresa después de haberlo dejado solo. La bebida o la fealdad del mundo, y no poder olvidar que su hermano lo engañó con su mujer, lo ha vuelto impotente. Su amada regresa pero él ya no puede amarla. En el capítulo 12 sufre una eyaculación enfermiza con una prostituta, en el Farolito, lugar de mezcal, y luego, por fuera del local,
un puercoespía le pega dos tiros y el moribundo se ve caer al fondo de una barranca infestadas de perros muertos.
--Hacedor de tragedias --llamaba el doctor Vigil a su amigo. Un hombre, sospecho, que de haber estado bien dispuesto a dejar de pensar en cómo follaron su hermano y su mujer, un polvo asilvestrado, sabor de fruta prohibida, seguramente no hubiera perdido a Ivonne. Pero el amor posesivo, el querer ser ante la mujer que amas el más dotado (y no serlo), lleva al desastre. El autor, Lowry, sufrió el caso y no lo superó. Había hecho con Bajo el volcán no sólo una máquina que funciona como la de un reloj, sino una profecía, no sólo de su vida personal sino del mundo. Un reloj que da la hora en la casa de los locos. Estuvo Lowry en una casa de locos. Su novela más corta, y más sobria, la escribió (el primer borrador) en ese sitio.

Tengo que preguntarle a Marcelino en qué libro están estos versos

El reloj que da la hora
en la casa de los locos


Y mientras, el amor al carajo. Desde ahí se ve todo con más amplitud.


viernes, 8 de noviembre de 2019

--No quiero llamarla, porque descuelga ese burro, ese animal --el cuñado-- y no tengo ganas de oír sus becerridos... ¿Sabes? Un día intentó propasarse conmigo. A mi casa entran hombres, el butanero, el fontanero, el electricista y... y tenemos bromas pero ninguno ha intentado... pero ese animal se creyó que todo el monte es orégano.

--Olió tu aroma a hierbabuena y no pudo resistir el desconsuelo --le digo.

La señora dentro a la puerta de su casa, sentada en un sofá que le permite ver lo que pasa en la calle, o mejor dicho a quienes pasan por la calle delante de su puerta. Yo suelo hablar con ella un poco más allá de la cortesía desde que me quiso indagar qué tratos tenía yo con la señora que vive con la hermana triste y el cuñado animal que se quiso propasar. Su mujer, la de este cuñado,  está ahora ingresada.

--Tiene anemia y mala respiración, por eso la tienen ingresada.

Me informa. Me despido y me acerco a Ibrahim. Escalinata tranquila, con Miguel, el hombre de los perros, en una silla sentado, mirando la agradable llovizna. Me agradan las historias que me cuenta. Cómo le habla a los perros, que lo entienden todo, lo que hacen, el distinto carácter...

--Había un gato, que esos son más inteligente todavía que los perros, que... --interviene otro que conozco y tengo normal trato pero aún no sé su nombre.

Regreso a casa entre la posma (palabra y realidad importante en la literatura de Ignacio Gaspar), y la señora del sillón, con la que ya tengo un trato conversacional, me detiene para seguir hablándome de qué cosas hizo el burro que quiso propasarse. Los cuentos para niños empiezan así. Son versiones imaginativas de los relatos corrientes en una experta criticona (o criticón). La mejor literatura nace en las malos lugares, en lugares donde la palabra no tiene consideración con nadie, sino al contrario. El personaje interesante y pertinente es al que se le puede sacar a gusto el cuero. Si la narradora sabe narrar, me encanta oirla. Es el caso. Me ilustro además.

*
Pienso en El jugador y en El hombre del subsuelo (novelas de Dostoievski). La culpa la tiene la máquina tragaperras de Ibrahim. Creo que le han cambiado el algoritmo. En la zona de bonos tarda en dar premio, y cuando da un mysterio el premio es de poca monta. Es preferible no subir a bonos. A menos que un jugador anterior haya jugado veinte bonos y no haya sacado nada.
Perder intuyendo que vas a ganar es una jodienda, pero es una idiotez (y más que ludopatía) jugar intuyendo que vas a perder. Este es motivo para no jugar, y menos cuando lo haces por necesidad ("quien juega por necesidad, pierde por obligación").

Sigo jugando. Y con fuego.





jueves, 7 de noviembre de 2019

Cuando estoy con los animales, en comelona, Casa Fela esta vez, me dan ganas de ser rico, el padrino de la mafia; hay materia prima y energía para moverla. Atico 13. Que a partir del día 23 será Ático Subterráneo. Entrada 15 euros.

--Dile a Juana si quiere comprar una --dice el dragón Pepe, con la croqueta de morcilla dulce a media altura--.  Que venga vestida de diabla.

Me pregunto ahora cómo será el casco del diablo. Es obligatorio llevar casco. El mío me le dio Olivia, sobrina hija de mi sobrina mayor, el otro día en San Andrés.

En fin. Buena cena en casa Fela. Una figura de Botticelli la mujer tigre, espléndida con el vodka con oro.

Días de otoño espléndidos.

Todos somos de lo peor. No tires piedras contra nadie.

Muñecos danzantes en la noche de otoño donde una prostituta, Dios la bendiga, le da una limosna a un pobre.

martes, 5 de noviembre de 2019

Del recital en Las Caletillas lo mejor que me llegó, lo que recuerdo con cierta intensidad, es Beatriz Martín. Empieza a afinar su vodevil sensual, ya no son artificios del deseo sino renuncia de lo deseado. Canta para esconder la penumbra de un drama. La sensualidad de la imaginación vuela sobre un camino seco.
 En cada época la poesía busca su discurso para romper con la verborrea bienintencionada. Sin caer en el cinismo, en Beatriz, sino en la inocencia. No sé cómo decirlo, su poesía está en un lugar en que la voz de una niña de 14 años es a la vez la voz de una anciana. En medio, la penumbra, el destino humano.

*