Hoy volvió a llamar Siao-Ling para arreglar el padrón. No importa,eso lo hablo con Juan Roco, le dije. (Juan Roco en Barrio Chino es uno de los putos que se reúnen en el Acapulco, bar de San Andrés, el abogado de todos ellos.) Esa pelma del padrón ya me empieza a sonar a voz matraquilla del volador, su marido. Juan Roco dijo una vez que Wang era el espíritu de la pesadez, un hombre codicioso que quiere más más más, siempre más, y su mujer no es sino una marioneta que lo obedece y lo complace. Este detalle no está en el borrador de Barrio Chino. Lo descubro ahora. En la novela Siao-Ling es la buena mujer del ogro que protege a Pulgarcito. Sí, lo protege, le hace la cama, lo alimenta, y cuando el pequeño está a punto, a la sartén. La realidad supera la ficción. Pero sin la ficción no se puede ver la realidad.
La ficción no explica, solo cuenta. Su misión es contar. El cuento puede llegar a lectores que crean saber la explicación. No existe tal explicación, es la monomanía mental quien la provoca.
--Esa cuidadora que no vigiló a la niña tenían que meterla en la cárcel, seguramente una dominicana, como aquella que mató al niño y está en prisión revisable, no cabe en la cabeza que esté cuidando a la niña y se vaya al baño --uno en la escalinata de Ibrahim esta tarde.
Le discutí pero su obstinación, el tener las cosas claras, no permite que nadie se las oscurezca. Mejor dejarlo.
--Tendría ganas de cagar.
--Y si la niña se cae?
--Pero no se cayó. Eso es lo importante.
--Lo importante es que tienen que meterla en la cárcel, porque eso yo no lo comprendo ni lo entiendo, dejar sola a la niña... --gritó.
Callé.
El lector y el personaje pueden ser el mismo. El narrador tiene que estar al margen. Que discutan ellos.
Y ya pensé mucho. Pensar perjudica la salud. La rodilla. Lo dejo así.
jueves, 9 de enero de 2020
miércoles, 8 de enero de 2020
Todo lo que antes me daba pereza (fregar la loza, barrer...) pero que cuando me ponía a hacerlo era tan liviano como cantar solo, ahora me cuesta un esfuerzo. Incluso limpiar la cafetera y hacer un café. Qué paradójico, estaba ya fortalecido del virus aquel y vuelvo a recaer. Y ahora sin ayuda ninguna. No quería dependencia de nadie, por una vez en la vida, y dios, en sus apuestas con el diablo, me hace esta putada. Hoy pude ir al super del barrio. Por fortuna haces la compra y te la pueden traer a casa. Si no, no sé yo; como el otro día que, a cambio de unos euros, vi a la mujer lagarto y le encargué ese cometido. Quiso quedarse un rato en mi casa y sacar algo más, a cambio de un servicio sexual, pero le dije que no. Por lo menos ahora no estoy ensatirado y su cuerpo no tiene un olor que me inspire, y el dinero, aunque tuviese ganas, no puedo desperdiciarlo.
Siao-Ling insiste en ayudarme a renovar el carnet. Mosca en la oreja. ¿Por qué insiste tanto? Todavía estoy empadronado en la casa del norte, de la que le cedí mi parte, como agradecimiento (no sé si fue agradecimiento de verdad) cuando la primera crisis, que me ayudó, pero en ralación con la antigua casa contándome una mentira que ahora, después de la encerrona del almuerzo de navidad, sé que es mentira. Lo que se perdió se perdió, pero me intriga su insistencia en que cambie el padrón. De todas maneras, prefiero --si puedo-- hacerlo yo solo. Pensar en esa historia, recogida en parte en Barrio Chino, no me sienta bien. Y que siga interviniendo, ahora sin más detalles que conmuevan, no quiero.
En fin, no sé por qué sigo escribiendo aquí. Supongo que para matar el tiempo. O para no olvidar lo esencial. La salida del laberinto.
Siao-Ling insiste en ayudarme a renovar el carnet. Mosca en la oreja. ¿Por qué insiste tanto? Todavía estoy empadronado en la casa del norte, de la que le cedí mi parte, como agradecimiento (no sé si fue agradecimiento de verdad) cuando la primera crisis, que me ayudó, pero en ralación con la antigua casa contándome una mentira que ahora, después de la encerrona del almuerzo de navidad, sé que es mentira. Lo que se perdió se perdió, pero me intriga su insistencia en que cambie el padrón. De todas maneras, prefiero --si puedo-- hacerlo yo solo. Pensar en esa historia, recogida en parte en Barrio Chino, no me sienta bien. Y que siga interviniendo, ahora sin más detalles que conmuevan, no quiero.
En fin, no sé por qué sigo escribiendo aquí. Supongo que para matar el tiempo. O para no olvidar lo esencial. La salida del laberinto.
domingo, 5 de enero de 2020
Todavía no le he devuelto un libro a Berto. Me acuerdo de un capítulo donde el hombre estaba acostado y se acercaba los objetos con un bastón. En esta segunda crisis, a veces hago lo mismo. Más me acuerdo ahora de la guitarra que perdió mi amigo por mal prestarla. Historias de guitarras. Tengo varias. Pero no ganas de escribirlas.
Penosas noticias son que ardió Australia y el conflicto en Irak...
Penosas noticias son que ardió Australia y el conflicto en Irak...
jueves, 2 de enero de 2020
T y S
vistas en la comparación que hice, con ayuda de la amiga invisible de Charco del Pino, entre el adjetivo (sustantivado) DESPIERTO y el participio PERDIDO.
Tene y Sibi, los nombres familiares de mis hijas.
Ramón en Jerusalén me manda fotos y comentarios. Fue con Sita. Sita, muda.
Yo no puedo bajar a Jerusalén. Ni a ver la tumba de Cristo, cerca de ese palacio de Herodes que es el Auditorio, ni a comprar un regalo de reyes.
Pienso en Barrio Chino, pero no en el cuento que hice --que lo doy por válido-- sino en la continuación en contrapunto, con nombres y apellidos reales, como algunos caminos.
En realidad no trabajo. Construyo con el pensamiento. Camino en sueños. En la realidad camino poco. Segunda crisis de la artritis.
Hoy hice esfuerzo y fui hasta Ibrahim, vi a la mujer lagarto e hicimos un trato para que me fuera a la compra. A Altesa fue. Me preguntó por el cuadro que hace tiempo le hice, un retrato, retocado una tarde noche con los animales. Prefiero no enseñárselo. Me da miedo que se vea en ese cuadro y que despierte y se pierda. Muchos fármacos toma.
--Y no quieres algo más?
--No, todavía no.
Me enseñó la foto de una nieta. Dios la guarde. A ella no sé si la guardará, espero que sí, como a mí, Dios no olvida a los casos perdidos.
Ya perdí todo lo que tenía que perder. Ahora queda despertar (salir de esta segunda crisis, con paciencia) y... ¿tirar a la basura lo poco que queda? No sé, sea el destino que sea, que sea para bien. Job lo tuvo más complicado.
¿Habrán hecho el camino del Calvario?
vistas en la comparación que hice, con ayuda de la amiga invisible de Charco del Pino, entre el adjetivo (sustantivado) DESPIERTO y el participio PERDIDO.
Tene y Sibi, los nombres familiares de mis hijas.
Ramón en Jerusalén me manda fotos y comentarios. Fue con Sita. Sita, muda.
Yo no puedo bajar a Jerusalén. Ni a ver la tumba de Cristo, cerca de ese palacio de Herodes que es el Auditorio, ni a comprar un regalo de reyes.
Pienso en Barrio Chino, pero no en el cuento que hice --que lo doy por válido-- sino en la continuación en contrapunto, con nombres y apellidos reales, como algunos caminos.
En realidad no trabajo. Construyo con el pensamiento. Camino en sueños. En la realidad camino poco. Segunda crisis de la artritis.
Hoy hice esfuerzo y fui hasta Ibrahim, vi a la mujer lagarto e hicimos un trato para que me fuera a la compra. A Altesa fue. Me preguntó por el cuadro que hace tiempo le hice, un retrato, retocado una tarde noche con los animales. Prefiero no enseñárselo. Me da miedo que se vea en ese cuadro y que despierte y se pierda. Muchos fármacos toma.
--Y no quieres algo más?
--No, todavía no.
Me enseñó la foto de una nieta. Dios la guarde. A ella no sé si la guardará, espero que sí, como a mí, Dios no olvida a los casos perdidos.
Ya perdí todo lo que tenía que perder. Ahora queda despertar (salir de esta segunda crisis, con paciencia) y... ¿tirar a la basura lo poco que queda? No sé, sea el destino que sea, que sea para bien. Job lo tuvo más complicado.
¿Habrán hecho el camino del Calvario?
miércoles, 27 de noviembre de 2019
Se han detectado peligros potenciales.
Internet avisa.
Si los peligros que se avecinan se salen con la suya, adiós. Fuera conexión. Una jodienda porque esta página es el inodoro de las cosas del día. Lo suelto aquí y me lo alivio de la mente. Doy de la mente.
Otro peligro no tiene que ver con esto sino con la fuente de ingresos. Mañana visita obligatoria a la oficina del banco.
Otro asunto que me preocupa es la desaparición de papeles importantes desde... Tengo que volver a buscar. No todo mal pensar es verdadero.
Con la comunidad literaria cada vez estoy peor. Estoy por darle la razón a Víctor Ramírez que señaló que un rasgo distintivo de la identidad de este pueblo es la mimosería. Pero en este caso no tanto el ser mimoso uno mismo (los hay, autores mimosos, pero no es el caso) sino mimar a los congéneres. Acariciarlos y besarlos y obviar cualquier crítica ácida o desacuerdo grave. Te expulsan de la tribu.
No debo de ser hombre de tribu. En el Hogar Católico --principios de la juventud-- me expulsaron de bibliotecario porque el primer paso que di fue comprar libros de Lutero.
De algunas entrevistas de trabajo me expulsaron por no ir con adecuado atuendo.
Me expulsaron de las Juventud Comunista porque en el escrito que me encargaron para Mundo Obrero (no lo publicaron) me entretuve en señalar los defectos de la aplicación del sistema y el futuro derrumbe de la URSS. Me quedé sin espacio para señalar los aciertos.
Los anarquistas del Norte de España me expulsaron porque en el trabajo que me encargaron (lo publicaron; lo leyeron después de impreso) hice un cuento en que defendía a un franquista obrero frente a una infamia de una comunista burguesa.
Y de niño me expulsaron del catecismo porque a una niña rubia que me tenía loco de amor le quité la silla cuando se iba a sentar. Yo lo hice como broma, para llamar su atención, pero a ella no le gustó la broma y el catequista, que sin embargo me admitió en el coro si cantaba en silencio, me expulsó.
Ya menos niño, en el colegio, también me expulsó la señorita Elvira. Recuerdo algo más en relación con ella. Una vez un hombre en la calle me dio para ella una carta encerrada en un sobre en blanco. Me la metí en el bolsillo y en vez de subir a clase me fugué con otros a jugar a la pelota. Por la tarde si fui a clase y le di la carta. Estaba toda arrugada. Me miró mal y desautorizó mi descuido. Para volver a ganar su favor, cuando encargó un dibujo por navidades, yo me esmeré dibujando y coloreando una farola de una postal de navidad. Cuando le di la obra de arte, la miró con desdén y me la devolvió como si le hubiese dado un papel sucio. Con lo bonito que a mí me parecía, con el cariño que lo hice...
*
16.34. Voy a prepararme para bajar al club de lectura. Luego vuelvo.
Internet avisa.
Si los peligros que se avecinan se salen con la suya, adiós. Fuera conexión. Una jodienda porque esta página es el inodoro de las cosas del día. Lo suelto aquí y me lo alivio de la mente. Doy de la mente.
Otro peligro no tiene que ver con esto sino con la fuente de ingresos. Mañana visita obligatoria a la oficina del banco.
Otro asunto que me preocupa es la desaparición de papeles importantes desde... Tengo que volver a buscar. No todo mal pensar es verdadero.
Con la comunidad literaria cada vez estoy peor. Estoy por darle la razón a Víctor Ramírez que señaló que un rasgo distintivo de la identidad de este pueblo es la mimosería. Pero en este caso no tanto el ser mimoso uno mismo (los hay, autores mimosos, pero no es el caso) sino mimar a los congéneres. Acariciarlos y besarlos y obviar cualquier crítica ácida o desacuerdo grave. Te expulsan de la tribu.
No debo de ser hombre de tribu. En el Hogar Católico --principios de la juventud-- me expulsaron de bibliotecario porque el primer paso que di fue comprar libros de Lutero.
De algunas entrevistas de trabajo me expulsaron por no ir con adecuado atuendo.
Me expulsaron de las Juventud Comunista porque en el escrito que me encargaron para Mundo Obrero (no lo publicaron) me entretuve en señalar los defectos de la aplicación del sistema y el futuro derrumbe de la URSS. Me quedé sin espacio para señalar los aciertos.
Los anarquistas del Norte de España me expulsaron porque en el trabajo que me encargaron (lo publicaron; lo leyeron después de impreso) hice un cuento en que defendía a un franquista obrero frente a una infamia de una comunista burguesa.
Y de niño me expulsaron del catecismo porque a una niña rubia que me tenía loco de amor le quité la silla cuando se iba a sentar. Yo lo hice como broma, para llamar su atención, pero a ella no le gustó la broma y el catequista, que sin embargo me admitió en el coro si cantaba en silencio, me expulsó.
Ya menos niño, en el colegio, también me expulsó la señorita Elvira. Recuerdo algo más en relación con ella. Una vez un hombre en la calle me dio para ella una carta encerrada en un sobre en blanco. Me la metí en el bolsillo y en vez de subir a clase me fugué con otros a jugar a la pelota. Por la tarde si fui a clase y le di la carta. Estaba toda arrugada. Me miró mal y desautorizó mi descuido. Para volver a ganar su favor, cuando encargó un dibujo por navidades, yo me esmeré dibujando y coloreando una farola de una postal de navidad. Cuando le di la obra de arte, la miró con desdén y me la devolvió como si le hubiese dado un papel sucio. Con lo bonito que a mí me parecía, con el cariño que lo hice...
*
16.34. Voy a prepararme para bajar al club de lectura. Luego vuelvo.
martes, 26 de noviembre de 2019
Sigo pensando en la dialéctica Libro/Lector. Normalmente es de comunión, a menos que leas por obligación. Porque eres lector de una editorial, por ejemplo. O porque alguien te encarga que leas su manuscrito. En este caso, suele ser el autor.
Pero si no estás obligado, ¿por qué lo abandonas?
Porque la obra está poseída por el espíritu de la pesadez, fruto de la vanidad del autor.
Porque pretende ser una novela y no lo es. Cada capítulo es un cuento independiente y sin terminar.
Porque el autor cree haber descubierto la pólvora, y ¿cómo decirle que no?
No, no has descubierto la pólvora y no has sabido hilar.
Pobre autor.
Pobre de mí.
Yo soy el autor de la obra. Y el lector.
Pero si no estás obligado, ¿por qué lo abandonas?
Porque la obra está poseída por el espíritu de la pesadez, fruto de la vanidad del autor.
Porque pretende ser una novela y no lo es. Cada capítulo es un cuento independiente y sin terminar.
Porque el autor cree haber descubierto la pólvora, y ¿cómo decirle que no?
No, no has descubierto la pólvora y no has sabido hilar.
Pobre autor.
Pobre de mí.
Yo soy el autor de la obra. Y el lector.
lunes, 25 de noviembre de 2019
10 capítulos. I
"Cuenta la historia como fue", sugirió Sita a Ramón, y Ramón contó la historia como fue y se fue. Ya no escribe en El bosque quemado. Contar la historia como fue a veces es duro y otras veces es arriesgado. Un juego arriesgado. La vida es un juego de naipes, se decía en tiempos antiguos. La vida es una ruleta o la vida es una tómbola o la vida es un tango. La imagen cambia pero el significado es más o menos el mismo. La vida es una tragaperras. Todo depende de si se alinean tres figuras o no. Es un juego basado en el tres en raya. Recuerdo que el que ponía la ficha primero y en el centro era el que tenía todas las probabilidades de ganar. Es como alinear el pensamiento con el sentimiento y la emoción. Esto es la vida y esto es la literatura. Si no alineas bien, vas torcido.
La obra que escribo es mi mujer; la obra que leo es mi amante. Todavía sigo mirando, por si la toco de nuevo, la obra en la que estoy entre 10 lectores. La dejo aquí, le dije al autor. No hay problema, me dijo el autor. Romper el compromiso con el autor no significa romperlo con la obra. Con la obra lo rompes si te aburre, si no hay un imán en ella que te atrae, que te hace habitarla, o por lo menos visitarla con cierto provecho. Hay obras que nacen fuertes y el autor las ahoga con una vanidad engolosinada. Este es el caso. Pero vuelvo al 10.
Está del diez, Sacó un diez, Diez negritos, Diez mandamientos... son frases que indican la perfección o el mayor logro posible. En el sabor de una comida, en el conocimiento de un alumno, en la sutileza del crimen...
y ahora me acuerdo de los diez trabajos de Hércules. Y que en el Tarot, el arcano X es la Rueda de la Fortuna: un diablo astuto en lo alto, un conejo que sube por la rueda y un mono que baja. Cada cual tiene según trabaja y cosecha. Pero la carta del tarot la olvido, no la voy a poner en este juego. A Hércules también lo dejo aparte. Dejaré sólo las tablas de la ley y la novela de Agatha Christie.
La base de la novela es una letra de una canción infantil:
10 negritos se fueron a cenar.
Uno se ahogó y quedaron 9.
9 negritos después de la juerga
se fueron a acostar.
Uno no pudo despertar
y quedaron 8.
8 negritos viajaron por allí.
Uno se escapó
y quedaron 7.
7 negritos cortaban leña.
Uno con el hacha se partió la cabeza
en dos y quedaron 6.
6 jugaron con una avispa.
A uno le picó y quedaron
5.
5 negritos estudiaron Derecho.
Uno se doctoró y quedaron
4.
4 negritos fueron a nadar.
Uno se ahogó y quedaron
3.
3 negritos pasearon por el Zoo.
A uno se lo comió un oso
y quedaron 2.
2 negritos tomaron el sol.
Uno se quemó y quedó 1.
Un negrito estaba solo
y de pena se ahorcó.
0 negrito nos queda
para encender el velón.
Cambio negrito por lector. 10 lectores.
10 lectores leyeron el libro.
Sin terminar el capítulo,
uno resbaló,
el infierno se lo llevó.
Y quedaron 9 lectores.
Etc.
La obra que escribo es mi mujer; la obra que leo es mi amante. Todavía sigo mirando, por si la toco de nuevo, la obra en la que estoy entre 10 lectores. La dejo aquí, le dije al autor. No hay problema, me dijo el autor. Romper el compromiso con el autor no significa romperlo con la obra. Con la obra lo rompes si te aburre, si no hay un imán en ella que te atrae, que te hace habitarla, o por lo menos visitarla con cierto provecho. Hay obras que nacen fuertes y el autor las ahoga con una vanidad engolosinada. Este es el caso. Pero vuelvo al 10.
Está del diez, Sacó un diez, Diez negritos, Diez mandamientos... son frases que indican la perfección o el mayor logro posible. En el sabor de una comida, en el conocimiento de un alumno, en la sutileza del crimen...
y ahora me acuerdo de los diez trabajos de Hércules. Y que en el Tarot, el arcano X es la Rueda de la Fortuna: un diablo astuto en lo alto, un conejo que sube por la rueda y un mono que baja. Cada cual tiene según trabaja y cosecha. Pero la carta del tarot la olvido, no la voy a poner en este juego. A Hércules también lo dejo aparte. Dejaré sólo las tablas de la ley y la novela de Agatha Christie.
La base de la novela es una letra de una canción infantil:
10 negritos se fueron a cenar.
Uno se ahogó y quedaron 9.
9 negritos después de la juerga
se fueron a acostar.
Uno no pudo despertar
y quedaron 8.
8 negritos viajaron por allí.
Uno se escapó
y quedaron 7.
7 negritos cortaban leña.
Uno con el hacha se partió la cabeza
en dos y quedaron 6.
6 jugaron con una avispa.
A uno le picó y quedaron
5.
5 negritos estudiaron Derecho.
Uno se doctoró y quedaron
4.
4 negritos fueron a nadar.
Uno se ahogó y quedaron
3.
3 negritos pasearon por el Zoo.
A uno se lo comió un oso
y quedaron 2.
2 negritos tomaron el sol.
Uno se quemó y quedó 1.
Un negrito estaba solo
y de pena se ahorcó.
0 negrito nos queda
para encender el velón.
Cambio negrito por lector. 10 lectores.
10 lectores leyeron el libro.
Sin terminar el capítulo,
uno resbaló,
el infierno se lo llevó.
Y quedaron 9 lectores.
Etc.
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