viernes, 10 de marzo de 2023

reflexión de media noche

 Me acuerdo de MP, lejanos tiempos y espacios. Una tontería. Un día me señaló la táctica del seductor de poca monta: inténtalo con todas y alguna cae. Otra táctica es intentarlo con solo una. Lograr el grato día en que la fuente rompe el cántaro. Esta es la táctica del enamorado, pero empleada sin las malas intenciones del seductor. Kierkegaard tiene una novela que se llama así. El seductor. Ahí habla un malvado que seduce para tener el placer de ver cómo la seducida queda destruida, desengañada y sola. En un cuento de Rubem Fonseca, el seductor, un jorobado, goza seduciendo. Una vez que seduce, sin quererla destruirla, deja en banda a la seducida y se va a seducir a otra. Es lo que le gusta. 

*

La novela El baile, que discutiremos el miércoles en el club de lectura, tiene en el telón de fondo la figura del gigoló. Una de las cosas por las que la madre maltratadora (que recuerda mucho a la madrastra del cuento de Blancanieves) quiere entrar en la alta sociedad es por la apetencia de tener un gigoló, como las más importantes señoras de la alta sociedad.  

*

Interesante el diario del poeta en 1956, de Jaime Gil de Biedma. Lo tengo arriba y no puedo copiar aquí lo que escribió sobre el Ulises de Joyce. Además son tres páginas. Mucho copiar. Otra llamada de atención es lo que dice del estilo de Ferlosio, el de la novela El Jarama (no la he leído); dice que antepone los adjetivos a los sustantivos y eso a él, Jaime Gil de Biedma, le molesta. Creo que en Fetasa pasa lo mismo. Sin embargo en la novela de Isaac ese cambio ayuda a crear el extraño mundo por donde camina Ramón. 

Si copiom aunque de memoria, la falible memoria, dos líneas: "La mejor manera de cansarte de un poeta es ponerte a escribir sobre su obra". En ese momento estaba escribiendo su obra crítica, más de cien página, sobre la poesía de Guillén. No tiene desperdicio Gil de Biedma. Ahora lo tiene en capilla la el dominante talibanismo moral, porque es su día tuvo encuentros sexuales con muchachos filipinos.

  

domingo, 5 de marzo de 2023

un día domingo

 Regreso a casa después de las nueve después de estar con Marcelino en S/C. Cansado me acuesto y ahora despierto. Me queda noche en vela. Escribo para matar el tiempo.

Marcelino se quejó de que El Perseguidor censurara parte de la entrevista. La parte en que hablaba de su humor por las drogas y el pasaje en que admira a las mujeres que caminan con los pezones erguidos por el puente Serrador a las once de la mañana. Me preguntó por Anghel. No sé nada. Aún no me ha enviado la versión corregida de la novela. Espero que no sea la censura el motivo.

Caliento un café, lío un cigarro y recuerdo el día. 

Fin de semana solo en casa. Desperté cuando asomó el día. Subo al carrito de Vicenta a comprar el pan. Dejo pasar la mañana sin nada que contar. Por la tarde quedo con Marcelino y bajo a Santa Cruz. Paso por la zona de Miraflores y hago una foto de la pintada que hice allí cuando andaba con los animales pintando la ciudad. El último bailarín. El tiempo ha mejorado la obra de arte. Tres mujeres sentadas en la calle esperan la llegada de un cliente. Una se me acerca y le digo que lo siento, que ahora no puedo. No le explico por qué no puedo.

Caliento un café, lío otro cigarro y sigo recordando. 

La imagen de la calle en declive la tengo en la memoria visual. El sol sereno de la tarde y la estoica espera de las tres mujeres. Atrás quedaron, envueltas en recuerdos antiguos, un ayer con el sol de la mañana y la calle con un esplendor que hoy ya ha desaparecido. Lo que tuvo vida ya está casi muerto. No del todo. Tres mujeres esperan y un machango alegre, la pintada, El último bailarín, baila en una pared que se derrumba.

Camino hacia la plaza El Príncipe. Aquí me encuentro con una compañera del club de lectura; se alegra de verme, me alegra verla. Guayaba madura colmada de verde zumo. Me alegra su presencia, su figura, su voz, y el fulgor de su sonrisa en la mirada y en los labios. Me pregunta si ya leí el libro que tenemos ahora. El baile, de Irene Némirovsky. Le digo que estoy cerca de la mitad. Hablamos de la intensidad narrativa que hay en ese libro, y ella me habla de la impecable venganza de la niña a la que su madre no dejó ir al baile.

Me dice que va al Tea a ver la película. Le pregunto qué película. No sabe. Le digo que no la acompaño porque quedé con un amigo.

--Hubiera sido un placer --dice.

Diablos, eso me anima el alma. Pero no tengo la picardía de invitarla a que deje el cine, y que yo dejo al amigo, y que vayamos a cualquier lugar donde estemos solos, a ver cómo llega la noche y brilla la luna. Nací torpe. Torpe sigo. 

Con Marcelino, vestido de verde claro y azul oscuro; bajamos al Atlantis. No hay vino del país pero el que hay no está mal. Y la compañía alimenticia tampoco está mal. Hablamos de esto y de lo otro mientras parejas desvaídas pasan por la acera. El teatro de la calle es constantemente monótono. Llega la noche. Como a nuestras vidas ha llegado el ocaso.

Nos despedimos. Subo al barrio. Y aquí estoy.  


miércoles, 15 de febrero de 2023

recuerdo de la lejana niñez

 A la edad de los cinco años, más o menos. Pueblo de San Andrés. Los chiquillos nos reuníamos en la plazoleta a cantar coplas. Conrado llevaba la batuta. Él era quien ponía las letras. Seguramente las que oía a los pescadores con los que salía a pescar de noche.

Seña Petra se cayó / en un pozo muy oscuro / y Ceferino que la vio / la sacó por el culo.

etc etc etc

Una noche, oí la lengua del pueblo, cuando Conrado volvía de pescar, con un balde de pescado, vio un fantasma y se asustó. Golpeó todas las puertas que pudo con el balde para que le abrieran y librarse del fantasma.

Nunca más reapareció por la plazoleta. Se disolvió el coro de cantores.

Con el tiempo se descubrió que el fantasma era un vecina que, sujeta al palo de una escoba, se cubría con una sábana, para que nadie la reconociera cuando iba a visitar de madrugada la casa de un hombre.


Otro episodio en el recuerdo fue cuando, al alumbrado de la calle jugábamos a la pelota o a los boliches, apareció un hombre bajando desde arriba completamente desnudo, ajeno al mundo. Una vecina salió con una toalla y se la puso en la cintura para cubrirle sus partes. Caminó el hombre hasta el muelle, con la gente detrás. Sin dudarlo se tiró al mar. Chachán fue quien se lanzó después al agua para salvarlo, sacarlo a tierra. El pueblo contó que había quemado su choso en la montaña. Lo que sucedió después, nunca lo supe.


También recuerdo a una extranjera menuda que era pintora y en la plazoleta le hacía un cuadro a una niña vestida de pescadora. Me maravilló el puntillismo del cuadro. Otro día entré en la casa donde se hospedaba y me senté con ella a la mesa de la sala y recuerdo que estuvimos hablando. De pronto oí un portazo y entró brusca una vecina. A lonazos me sacó de allí. Dios la tenga en su gloria.


martes, 14 de febrero de 2023

romance rocambolesco y lúgubre soneto

 De lo divino no hablo,

hablaré de lo terreno,

de cuando corre el barranco

y están los mares llenos.

Hablaré de lo blanco

y hablaré de lo negro,

los tonos necesarios

en el tablero de juego,

del carbón tan usado

y del diamante tan lejos.


***


Dios, por dios, quítame este pensamiento

de mierda que me reconcome el alma

si de la venganza no me das armas

que acribille la hediondez del tiempo


que me ha soltado todo su excremento

sobre todos los sueños que he tenido,

y los hizo pesadillas sin sentido


y me hizo repudiar los sentimientos.

¿No fue más sencillo no haber nacido?

Sean loadas las viñas de tu huerto.

martes, 7 de febrero de 2023

 Prefiero decirlo aquí

que parece menos grave,

escribiendo me defiendo,

hablando soy un cafre,

por dentro buen corazón

y por fuera un desastre.

mejor cierro la boca

y no entro en más detalles,

Llora el autor,

ríe el personaje,

esto es, amiga,

la llave del arte.


Sin embargo, digo,

porque así es el sueño,

que acepto la cena,

acepto el encuentro.

Mas quita del tiempo,

la hora del taxi.

lunes, 6 de febrero de 2023

Poesías

 Ayer vino Belén e inició un cuadro. De su aspereza con el pincel salió una tormenta violeta, anunciando la aparición o desaparición de llamas azules. Le dije que dijera un número. Dijo el 6. Le dije que pusiese seis puntos donde le parecieran. De blanco perla. Ya la pintura sobre la tela estaba más amasada que el barro verde sobre el plato. Poniendóselo en la planta de los pies vi su talón de aquiles. Si fuese curandero encontraría la untura necesaria. Qué cosas, tampoco soy pintor y me pongo a darle escuela. 

El calcetín fue notorio en la visita. Vino con los calcetines mojados y le presté unos míos, desparejados. Ahora tendría que ver lo que significan los calcetines. Mojados hacen lo contrario de su función: abrigar el pie. Desparejados cumplen su función. También un zapato desparejado con el otro cumple su función. El detalle desparejo es importante pero ahora no sé lo que significa. No tengo a mano el libro de símbolos de Cirlot. 

Y en la ciudad, el objeto más a tener en cuenta fue el puente del manicomio. Me contó parte de su historia. La vi, esa parte, inserta en su novela. Hay dos temas principales en esa novela. Esa parte de su historia encaja necesariamente en su Lluvia horizontal. 

*

Mensaje wasap: murió David González. Emotivo un comentario de Pepa en fb, en el muro de Teo Hernando:

David, eras súper divertido, canalla y un desbarajuste. ... Tú me enseñabas a escribir poemas y yo, a ti, el dripping en la terraza de mi casa. ...


viernes, 3 de febrero de 2023

el invitado

 Tengo que buscar el poema "El enigma del invitado", de Gutierrez Albelo. Ese podría ser el título de un cuento alimentado con los textos de Pamela a raíz de un post en fb donde yo hablaba de un harén de lectoras pero que ninguna me invitaba a almorzar, o cenar. 

Tal vez ella pueda hacer mejor el cuento recopilando los textos. Me sorprendió la simpatía con admiración que despertó en Sibi. Buena cocinera también, 

Hoy se fueron Tene y ella con Darío, a resolver cosas en la península.

Marcelino me llama por si quiero bajar un rato. Cuenta que estuvo en Los Pinchitos, en San Andrés, y toda la comida, ensalada, chicharros, papas, todo, un desastre. Se me quedó la imagen de las papas arrugadas, verdes por dentro, señal de lo mal que estaban. Me dijo que vio pasar a Anghel en Santa Cruz, todo de negro, con gorra negra, y cabizbajo, No habló con él, No le preguntó cómo llevaba Barrio Chino. Me lo preguntó a mí. ¿Y yo qué puedo saber? Ni siquiera sé si Juan ha hecho el sacrificio de leerla. Las primeras páginas lo dejaron en blanco, sin saber de lo que iba la cosa. A mí me dejó turulato. La primera construcción de esa novela es más contundente, más sana de espíritu. Decidí vestirla un poco, decorarla. Hice bien. En la reciente corrección la crítica de Juan me sirvió para ponerle un poco de claridad, la que pude. 


No le pregunté a Tene cómo se pasaba a aquí un escrito en fb. Me lo explicó una vez pero me olvidé. En fin, no hay que abusar. Cada cosa en su sitio y un sitio para cada cosa. A ver si me aplico en la vida práctica. Mañana posible visita de mi amiga que quiere aprender a pintar. 

A mí me gustaría pintar el barrio, la plaza del mercado, el carrito de Vicenta, la ventana donde Flory tiende la ropa...

Pamela dice que se retira de fb un mes. No sé si tardará tanto en volver. La imagino componiendo su novela, donde yo --o mejor dicho, el personaje narrador-- no estoy ausente. Creo que su trabajo va por la escalera de Jacob, subiendo al cielo. El cielo del arte es lograr algo que valga la pena. Eso a veces surge casi sin querer y otras requiere reflexión y trabajo. Sin pasarse. Sin acartonar la danza.