viernes, 23 de mayo de 2025

cucarachas

 Firma a favor de esto, firma en contra de lo otro. No firmo nada. Vivo en pecado. Y las cucarachas, a las que le tenía consideración, empiezan a molestar. Ya se han instalado incluso debajo de la cama. Que me perdone Yemayá, pero hasta aquí hemos llegado. También aparecen en ciertos escritos. En fb. veo la foto de un papel volandero, impreso en Sevilla, del que se dice, y es evidente, que sirvió de base al famoso corrido mexicano. Comienza:

La cucaracha / ya no puede caminar / porque no tiene / dinero para pagar.

Y en otra publicación vuelven a aparecer. En una entrevista. Una entrevista a una novelista relacionada con Hollywood. Habla de que su última novela está marcada por las cucarachas con Chanel. Da qué pensar. ¿Habrá leído esa escritora la novela de Ramallo? ¿Estará viajando una novela publicada en la insignificante Canarias hacia la literatura universal? Habría que contratar a un detective. 

 

miércoles, 21 de mayo de 2025

Sueño mal contado

 Baile con la hija de la dueña en la casa palacio. Joven muy agradable. Se ofrece a bailar conmigo y yo le digo que no sé bailar, ella insiste y bailamos pero a los pocos pasos comprueba sonriente que yo no sé bailar. La sala atestada de gente. La llevo, animado, por el pasillo hasta la entrada frente al río y la invito a bailar con Ramallo. Lo hacen maravillosamente.

Aun el padre de familia no ha llegado.

Salvador está en la puerta, sosteniendo el libro: Proserpina.

El padre de esa familia llega, compungido,  porque en otro tren en que ha llegado, río arriba, un juego que tenía con sus amigos se les volvió en contra y hubo problemas.

ANTES:

En un vagón del tren, en el que viajamos nosotros, se resguardaban un mono y un tigre.  Vimos que se acercaba a ese vagón una gigantesca serpiente, maligna, con intenciones de devorar al mono y al tigre. Tuvimos que articular una artimaña, poner una portalón grande en triangulo, para que entrara la serpiente y nosotros poder sacar y poner a salvo a los otros animales.

ANTES:

Belén le pega una foto o una nota escrita al cuadernillo Proserpina, y otros pegamos otras cosas en distintas paginas antes de salir en tren, praderas abajo, marchando sobre ríos encauzados, a distintos niveles y con aguas de distintos colores.

Al llegar a nuestro destino, en la puerta de la mansión, teníamos que poner una gota del último río en alguna parte de nuestra cara o nuestra frente.

ANTES:

Estábamos en guerra en un campamento con una casa en medio, cuadrada y grande, sin que hubiese  batalla y un muchacho menudo, soldado pequeño, tiene relaciones a escondidas en la casa con su tía, el casi un niño y ella una mujer ya mayor.

Lo descubre una criada intrusa. Este muchacho es arrestado y no sube al tren en el que luego nos alejamos de allí alguno de nosotros. Salvador el chatarrero, Ramallo y yo, entre otros.

Salvador custodiaba Proserpina durante el viaje, sobre diferentes ríos. 

Llegamos a nuestro destino. Una casa palacio. Cuando entramos estaba vacía, solo dos niños, callados y quietos, en un entrante en lo alto de una puerta que daba a otra habitación. Hasta que al final sale la señora de la casa por esa puerta, abierta, a donde nosotros estamos, y nos descubre, pero el libro Proserpina emite la música de un clásico y se solidariza con nosotros. 

Recuerdo que antes del viaje en tren, yo dejo de ser ese niño soldado y luego soy persona que entro en la historia como yo mismo. Recuerdo que la amante del niño quiere pegar también algo en el libro pero lo impido porque sé que lo que quiere es destruirlo.

Este sueño está mal contado pero cuesta trabajo ponerlo en orden. Todo el rato sentí que Proserpina era un libro profético. Por lo menos algunos poemas. Al final del sueño se lo pedí a Salvador, que era quien lo custodiaba. 


sábado, 17 de mayo de 2025

nada que hacer

 Me estoy volviendo platónico, no en el sentido amoroso tal como se entiende ahora. En este sentido ya lo soy desde hace tiempo, por imperativo de la naturaleza y no por voluntad propia. En lo que pienso, para asegurar que me vuelvo platónico --de cuyo pensamiento estoy todavía en párvulos--, es en el famoso y traído y llevado mito de la caverna. Estoy no más que viendo las sombras cambiantes que se proyectan en las paredes y ajeno a la claridad, vamos a llamarla real, que entra del exterior. Esto me hace recordar los primeros años de mi existencia humana, pues estuve esos primeros años viviendo en Las Cuevitas, que eran cuevas, casi justo enfrente de la desaparecida, ay qué dolor qué pena, playa de Los Trabucos. Aunque allí sí que veía no solo el interior de la montaña sino el patio de afuera y la arena y las rocas de la playa y todo eso. Cosas distintas al platonismo actual, propio de ciertos poetas y ciertos filósofos, que andan más en las nubes, en las sombras, que con los pies en la tierra. 

Pensé mandar algo a un concurso literario. Juan me envió las bases de uno que hay en Lanzarote. Lo desecho porque impide el uso de malaspalabras. Pensé también en el de Cajacanarias, pero pregunté a un amigo quiénes podían ser el jurado de ese premio. Me informó de que seguramente es un jurado adicto a una ideología política --de la que soy ajeno-- y de un feminismo que no tiene nada que ver con mi amor a las mujeres ni con mi afecto a los hombres. Un feminismo de feministes. Lo tengo claro. La obra que pensaba mandar no pone muy bien a ninguna de las personajes, y ni siquiera tendrían en cuenta que tampoco a ninguno de los personajes. Lo tengo claro, mi ilusa ilusión de que sonara la flauta y ganar un dinero extra se esfuma apenas se hizo visible. 

Nada que hacer.  

jueves, 15 de mayo de 2025

dormir, tal vez soñar

 Nada, me pongo a escribir porque son las cinco de la mañana, y tres minutos, y no me duermo ni a la de tres. Todo porque ayer me mandan un wasap, bien escrito, con todas las comas en su sitio. Me dice que quiere hacerme una entrevista. No estoy yo para entrevistas, pero sigo leyendo. Dice que es para un libro que no se va a publicar. Empiezo a interesarme. Sigo leyendo, dice que no me va a pedir dinero. Estupendo. Ahora solo falta que me diga que es una entrevista donde no me va a preguntar nada, pero no me cae esa breva. Seguro que me hace preguntas. ¿Podré contestar con monosílabos? Es una mujer la entrevistadora. Acepto. No le pregunto si va a ser de madrugada y solos los dos. No todo se puede saber.

Y tampoco duermo porque tengo hambre. Y no creo que Juan me llame a estas horas para invitarme a comer. Tengo en remojo un pescado salado, pero tiene más espinas que carne. Si me pongo a sacar lo que se puede comer, a lo mejor me corto un dedo. Y si me corto y sangro, me llevan al hospital otra vez o me muero. Si me llevan al hospital volvería a ver a la doctora que me cogió simpatía porque le regalé el Barrio Chino y a cada momento se sentaba a un lado de la cama y me preguntaba cosas del libro. Menos preguntona era una ayudante de enfermería que me ayudaba a bañarme por la mañana y yo le decía piropos. Luego cuando me visitaba en el cuarto me decía que yo era el mejor enfermo que había tenido nunca y me pedía que le repitiera lo que le había dicho en el baño. Y yo la mandaba al carajo porque, me daban pastillas para dormir, lo menos ganas que tenía era repetir piropos. 

La médico actual de cabecera me dice que no tome pastillas para dormir. No sé yo. Llevo dos noches haciéndole caso pero ya son las cinco y veinticuatro, y hoy a mediodía viene Elen. Quiero que me coja bañado. Por lo menos eso. ¿Dónde tengo la pastilla de dormir?  

días...

 Hay días que parecen hechos para el enemigo

Esto anterior es un verso que escribió en el año 76, más o menos, un peninsular que vino a Tenerife y se matriculó en Filología, en la Universidad de La Laguna. Superficialmente, nos acercó el oficio de la poesía. Lo primero que me preguntó es quiénes mandaban en la isla en el gremio de los poetas. No creo que le haya contestado, pues yo entonces estaba ajeno a ese gremio. Sé que a veces nos reuníamos con Fëlix Francisco Casanova, que a lo largo de ese curso tuvo el accidente en el baño y se fue de este mundo. Antes, el peninsular por su parte y yo por la mía, participamos en el Concurso de Poesía Matías Real, convocado por el periódico La Tarde. Él ganó el segundo premio y yo el tercero. Mi colaboración se titulaba Andrógino Invisible. De lo que presentó el colega solo recuerdo ese verso, nada más. De lo mío recuerdo que Félix se interesó por una pieza que hablaba de una guitarra rota. Murió poco después. Las obras ganadoras fueron publicadas, junto con entrevistas que nos hicieron, en aquel periódico hoy desaparecido. Sé que me puse contento y presumí con los amigos como un niño con zapatos nuevos. Sé que me abonaron, en mano, cinco mil pesetas y que, al salir del acto de la entrega del dinero, una amiga que luego fue asesora del Gobierno de Canarias me pidió esas cinco mil y se las dí, íntegras. Nunca me las devolvió, aunque ella era hija de gente poderosa de Las Palmas y yo un simple hijo de obrero. La relación de amistad con esa joven tuvo episodios contables, pero no es ahora el momento de sacarlos a la luz.

Al curso siguiente conocí a mi amigo Berto, junto con un lumbreras que gracias a él sacamos buenas notas en el examen de Latin. Con Berto hablé ayer. Grato es hablar un rato con un amigo cuando uno está aislado del mundo, no por propia voluntad sino por imperativos categoriales. Me alegró que se haya restablecido bastante de sus limitaciones de salud. Y más en un día que parecía hecho para el enemigo. No entro en detalles. No soy proclive a contar tristezas de esos momentos en que el alimento son duelos y quebrantos.  

martes, 13 de mayo de 2025

puñaladas

 --El crimen es un acto sórdido y despreciable si no tienes un buen abogado, se lo dice uno que tiene instintos homicidas, a menos que la víctima sea uno mismo --filosofía de andar por casa de Alfred Hitchcock, en la presentación de uno de sus cortos televisivos. 

En esos cortos predominan los casos en que el asesino sale bien librado, después de hacerle la cama a quien es asesinado o a quien acusan de asesinato y es inocente. Los hay que están muy bien hechos y otros que son de andar por casa, no del todo bien llevados o bien resueltos. Hay que comer y la inspiración no está siempre a punto. 

Uno de los mensajes de Ábalos a Sánchez está en sintonía con esos cortos del mago del suspense. Cita a Quevedo: --Puede haber puñalada sin lisonja, pero pocas veces hay lisonja sin puñalada.  

El enemigo de Góngora se refería a Bruto y los demás que apuñalaron a Julio César, anteriormente adulado por esos mismos amigos. Cosas de la política. Y de la no política.

lunes, 12 de mayo de 2025

Final agradable

 El grifo de chorro moruno que instaló el albañil en el baño me ayuda a desalojar lo que queda dentro. Queda uno más aliviado, y permite también uno de los métodos curativos de un recordado médico boliviano: rociar los huevos con agua fría y avivar la circulación de la sangre. El calor de la primavera, poco a poco creciente, también ayuda a no darlo todo por perdido en cuanto a las pulsiones eróticas. Lástima que la mujer que tengo más cerca, dos días a la semana, esté casada y sea temerosa de Dios. A su marido no puedo llamarlo prójimo porque no lo conozco, pero seducirla para hacerla pecar me lo pide el cuerpo pero no el alma. Mi alma no quiere perjudicar a nadie, suele suceder cuando sabes que la ley de la vida va quedando atrás y te envuelve la ley del acabamiento. 

Hojeo un viejo número de Taramela. No termino de leer un largo trabajo sobre la literatura oral. Mucho humo posmoderno. Nada de una literatura oral ligada a la religión yoruba, madre de numerosos relatos. Literatura, aunque el materialista diga lo contrario, que está también en la Biblia, en el Corán y en los patakíes de Nigeria. Los que quedaron en África y los que viajaron a Cuba y Brasil. La santería y el candomblé. 

Con los amigos poca relación física. Algunos mensajes de Juan, asombrado por lo mucho que hay en su novela aquí comentada que él ya tenía en el olvido. Pepe pendiente de una visita que será cuando Dios quiera. A Marcelino lo llamo pero comprendo que ahora no está para coger el teléfono. El que tampoco lo coge, pero por otros motivos, es Berto. En fin, en lo alto del árbol canta la loca cuando le toca. Pequeña locura, en mi caso, es a veces tanto aislamiento, pero habrá que adaptarse. A la fuerza ahorcan.

Escribo lo anterior y, sorpresa, llama Ramón. Está en Santa Cruz. Subimos a una arepera de La Cuesta. Entretenida conversación. Un drama y varias comedias. Día soleado.