--¿Qué te da? ¿Te da comida? ¿te da dinero? ¿Te da por ... (aquí palabra soez)?
De los algunos colegas que nos rodean, fisicamente inmediatos, ayer hablando con José María en el Parra --jodieron a la salida del callejón la pintada tótem de Zoo punto cero--, repaso a autores más o menos leídos. La escritura que se está fabricando en Canary Island, si desbrozamos el campo y ponemos de abono la hojarasca y la mierda vaca, merece atención especial. En lo alto de mi particular pirámide: Diario de un abogado mundano, Retrato de Marlou Diésel, Cucarachas con chanel y Ensalada de canónigos.
Por la mañana del miércoles
por mayo cuando los enamorados
van a servir al amor
si no yo triste cuitado que voy al parque
a la feria del libro...
paro en el parque, atraído por el acto Juan Cruz dialoga con Luis Montero, en la carpa institucional. Me interesa poco la bondad y la nobleza, pero también hay que oír a la gente noble y bondadosa. Mejor estaba en la playa de Valleseco. Los maestros nombrados --Alberti y Neruda-- no me despiertan sensibles sentimientos.
Yo no sé idiomas. Antes de bajar, la chica del bar Los Girasoles daba por hecho que yo sabía inglés y quiso que tradujese la letra de una canción. Imposible. Sentí amargarle el gesto de la cara cuando le confesé que yo no sabía inglés. Sólo estudié algo de francés, y en el instituto Andrés Bello aprobé la asignatura porque aprendí de memoria la traducción de todos los poemas del libro. Poco conocimiento llevé del colegio al instituto. La señorita de francés me tenía simpatía porque pescaba peces de colores en el barranco y se los llevaba a la casa para que los criara en una pecera. Crimen, pero la señorita valía el delito. También, en la época del colegio, era de habla francesa el primer amor. Bárbara. Trabajaba en la calle Miraflores, en el saloom de Fefa, donde conocí también a Venanceo. De Venanceo --lamento haber perdido un cuaderno lleno de poemas que Venanceo recitaba para que los copiase-- podré quizá recuperar algo suyo si me muevo y conecto con el taxista de Tacoronte amigo de Marcelino y con el concejal Guanche.
Se me fue el santo.
Lavo la camisa para ver como el sábado le da en el tendal el sol del día y la brisa de la noche, sin más compañía que la pantalla del televisor, y con el mando a distancia ya somos tres, como en los versos de Li-Po & Víctor Botas:
Bebo solo bajo la luna
y con mi sombra ya somos tres.
Hace bien al invitado
saber la hora de marcharse.
La melancolía del sábado es consecuencia de la monotonía del miércoles. Spleen en el barrio de La Maldad. Alienación es no inventar otro sitio donde ir que la feria del libro. Juan Cruz y Luis Montero se presentan como hombres con ideas nobles que huyen --dicen-- de los vertederos de la envidia entre literatos. Pregunto a Montero sobre la figura de Alberti en el libro de Andrés Trapiello Las armas y las letras. Pregunta de cotilla que no tiene otra cosa que hacer. Más interesante hubiese sido indagar qué aprendió de Angel González y Jaime Gil de Biedma, poetas por los que sí comparto admiración.
Por la tarde G-21. Los mismos tópicos. Más acierto en las respuestas de Alexis Ravelo a las preguntas de Eduardo García Rojas ("El Perseguidor", Diario de Avisos). "... a veces, he mirado el panorama literario (sobre todo el narrativo) que tenemos y he pensado que nos sobraban artistas y nos faltaban artesanos, gente que supiera pergeñar buenas historias y acertara a contarlas bien", dice Alexis Ravelo. Lo conocí una noche en La Laguna y sentí simpatía por este hombre, y sus libros de la serie Eladio Monroy los he leído con gran agradecimiento a su autor. Están si no en la cumbre, sí bastante arriba en aquella pirámide que dije. Aún no conozco La noche de piedra y otros de sus títulos no canónigos negros. Imagino un debate entre José María Lizundia y Alexis Ravelo. Dos paisanos. Ganas de imaginar.
El día avanza. Llega la hora de comer. Me despido de Marianela y encuentro en el regreso al barrio a un amigo --de los pocos que tengo--.
--¿Qué te da?
Y por la noche, Parra. Y mañana, viaje a Icod. Otro entretenido episodio en esta época de piedras de Sísifo. Que suene la ruleta y los dioses repartan suerte. Ahul. Hasta más ver.
jueves, 31 de mayo de 2012
martes, 29 de mayo de 2012
coplas para matar el odio y elegía para resucitarlo
coplas
un hombre quería amar
a mujer que no quería,
infeliz el hombre pobre
que siembra e tierra baldía.
espejismo en el desierto
el amor y la alegría;
si no tienes quien te quiera
¿qué quieres que yo te diga?
la pena de amor se cura
bañádote con agua fría
o navegando en la mar
rumbo a la lejanía.
a un soldadito de plomo
en un barco de papel
se le oxida el corazón
por lo que no pudo ser.
del día nacen las horas,
hombre nace de mujer.
llueve sobre el camino
y no para de llover.
***
elegía
en esta isla donde se pudre el genio
y se seca la inteligencia,
donde un ciego cobarde
se esconde tras una mujer valiente,
en esta isla donde recibimos
como racimo amargo los días del año,
en esta isla donde el amor es una quimera
y la verdad un juego de niños,
en esta isla de emeterio
gutiérrez albelo y de alonso quesada,
de isaac de vega y antonio bermejo,
en esta isla sin estrellas
donde no tener amigos no es una desgracia,
en esta isla donde acunamos sin asombro
las locuras del mundo y la inocencia muere
antes de nacer la risueña criatura...
un hombre quería amar
a mujer que no quería,
infeliz el hombre pobre
que siembra e tierra baldía.
espejismo en el desierto
el amor y la alegría;
si no tienes quien te quiera
¿qué quieres que yo te diga?
la pena de amor se cura
bañádote con agua fría
o navegando en la mar
rumbo a la lejanía.
a un soldadito de plomo
en un barco de papel
se le oxida el corazón
por lo que no pudo ser.
del día nacen las horas,
hombre nace de mujer.
llueve sobre el camino
y no para de llover.
***
elegía
en esta isla donde se pudre el genio
y se seca la inteligencia,
donde un ciego cobarde
se esconde tras una mujer valiente,
en esta isla donde recibimos
como racimo amargo los días del año,
en esta isla donde el amor es una quimera
y la verdad un juego de niños,
en esta isla de emeterio
gutiérrez albelo y de alonso quesada,
de isaac de vega y antonio bermejo,
en esta isla sin estrellas
donde no tener amigos no es una desgracia,
en esta isla donde acunamos sin asombro
las locuras del mundo y la inocencia muere
antes de nacer la risueña criatura...
domingo, 27 de mayo de 2012
odios
Odio la frivolidad de este puto milenio, odio la filosofía de cartón piedra de los que citan la lista de los reyes godos o filósofos ilustres y se quedan contentos y tocándose los huevos, odio las tomaduras de pelo, odio a mi cuñado (al de aquí. Al de Asturias, después que supe cómo se las arregla, lo admiro, aunque tampoco lo quiera demasiado), odio las tonterías de Roger Wolfe sobre la estupidez de la Real Academia de la Lengua, odio a los poetas y a los novelistas (menos a unos pocos)... y odio la feria del libro. Hasta ayer odiaba la feria del libro. Pusieron a Pedro García Cabrera, un poeta mediocre y plagiario, en lugar de a un físico (pueblo mediocre y ciudadanos de mierda) que hubiera aportado algo más que rimar góndola con tómbola. Al poeta mediocre gomero lo conocí en la época del primer congreso de poesía, donde invitaron a mis amigos Felix Francisco Casanova y Dulce Marrero --pazdescanse los dos-- y a mí no. En un acto (creo que en el Ateneo), Juan Jiménez proponía hacer borrón y cuenta nueva. Empezar de cero. Me gustó ese Juan Jímenez (hasta que lo invité a cenar a mi casa y, a mis espaldas, intentó meterle mano a mi mujer). Pero el día anterior lo admiré, en contra de Pedro García Cabrera, que entendió que lo que proponía el de Las Palmas era olvidarnos del español. "A mí el español --se refería al idioma-- me ha permitido toda la libertad del mundo", dijo. Seguramente la que no le permitió a Domingo López Torres, que en gloria esté. Por eso el poeta gomero se permitió plagiar a Paul Eluart, que escribía el nombre de la palabra libertad hasta en el papel higiénico. En fin, odiaba la feria del libro hasta ayer. Ayer, Mercedes (gusto de conocerla) compró Agosta escribe.
--Tendré que contratar a un hombre fornido para que me defienda de tus sabias palabras --me dijo.
Hombre adulado, hombre importante. Me toqué los músculos a ver si podía ser yo ese hombre. Ni modo. Y el capitán M por la noche, película en cinemascope para prestarme diez euros y llamarme poeta, que es lo peor que se le puede decir a un hombre.
Bueno, pues eso. Mercedes compró un Agosta en la Feria. Según cálculos --lo consulté con Alejandro, antes de pedirle un cigarrito-- tengo ganado un euro. Pasaré a cobrarlo. Eso seguro. Odio pagar. Ahora voy a cobrar (dijo Rubem Fonseca).
--Tendré que contratar a un hombre fornido para que me defienda de tus sabias palabras --me dijo.
Hombre adulado, hombre importante. Me toqué los músculos a ver si podía ser yo ese hombre. Ni modo. Y el capitán M por la noche, película en cinemascope para prestarme diez euros y llamarme poeta, que es lo peor que se le puede decir a un hombre.
Bueno, pues eso. Mercedes compró un Agosta en la Feria. Según cálculos --lo consulté con Alejandro, antes de pedirle un cigarrito-- tengo ganado un euro. Pasaré a cobrarlo. Eso seguro. Odio pagar. Ahora voy a cobrar (dijo Rubem Fonseca).
viernes, 25 de mayo de 2012
versión de uno de Guillermo de Aquitania
Escribiré un poema que no diga nada,
lo haré dormido sobre un caballo,
no hablaré de ti ni de mí
ni del amor ni de la guerra,
con el alma aplatanada
y el corazón en la ataraxia
escribiré palabras vacías
sin historias ni aventuras.
No me quejaré del amor
esquivo ni del enemigo
que no me odia, no lamentaré
que nada salga ni celebraré
la esperanza con una flor
de cuatro pétalos. Ni diré
hola ni diré adiós, ni cantaré
lo que se gana ni lo que se pierde.
Escribiré un poema sin ideas,
ni emociones ni sentimientos.
No escribiré ni en verso
ni en prosa. Ni cuando sale
el sol ni cuando la luna,
ni de números ni de arcanos,
ni largo ni corto y me voy
porque nadie me espera
en la casa sin número, sin
paredes ni cuartos ni baño
ni nevera ni lavadora
ni con la ventanas abierta
ni cerrada, escribire...
lo haré dormido sobre un caballo,
no hablaré de ti ni de mí
ni del amor ni de la guerra,
con el alma aplatanada
y el corazón en la ataraxia
escribiré palabras vacías
sin historias ni aventuras.
No me quejaré del amor
esquivo ni del enemigo
que no me odia, no lamentaré
que nada salga ni celebraré
la esperanza con una flor
de cuatro pétalos. Ni diré
hola ni diré adiós, ni cantaré
lo que se gana ni lo que se pierde.
Escribiré un poema sin ideas,
ni emociones ni sentimientos.
No escribiré ni en verso
ni en prosa. Ni cuando sale
el sol ni cuando la luna,
ni de números ni de arcanos,
ni largo ni corto y me voy
porque nadie me espera
en la casa sin número, sin
paredes ni cuartos ni baño
ni nevera ni lavadora
ni con la ventanas abierta
ni cerrada, escribire...
lunes, 21 de mayo de 2012
contra la Endecha
Quien no respeta la tierra
donde se hicieron sus huesos
si no tiene gran dinero
o un aval que lo defienda,
ni él a sí mismo se entienda
y se le quiebre el corazón.
No vea la luz del Sol
sino mire oscuridad.
Que no vuelva nunca más.
Así lo quiero ver yo.
Esto bien lo sabe Dios,
mecánico del universo
que hace carne del verso,
verdad de la inspiración.
Es el canario, dolor,
en los años prisionero,
en su tierra extranjero,
sin saber por dónde huir
de esa derrota infeliz,
víctima de traicioneros.
Esa costumbre aprendimos
de aquellos peninsulares
que ultrajaron a las madres
del pueblo donde nacimos,
con costumbres de asesinos
y maneras de traidor.
Servimos al invasor
y matamos al amigo.
Ese es el triste sino
del isleño perdedor.
Ni la décima cubana
ni un soneto de Villón
la salva de la maldición
a la isla de La Palma
donde aparente es la calma
pero camina la Muerte,
espejo donde ha de verse
la endecha a Guillén Peraza:
eres ciprés de triste rama
y sombra de negra suerte.
donde se hicieron sus huesos
si no tiene gran dinero
o un aval que lo defienda,
ni él a sí mismo se entienda
y se le quiebre el corazón.
No vea la luz del Sol
sino mire oscuridad.
Que no vuelva nunca más.
Así lo quiero ver yo.
Esto bien lo sabe Dios,
mecánico del universo
que hace carne del verso,
verdad de la inspiración.
Es el canario, dolor,
en los años prisionero,
en su tierra extranjero,
sin saber por dónde huir
de esa derrota infeliz,
víctima de traicioneros.
Esa costumbre aprendimos
de aquellos peninsulares
que ultrajaron a las madres
del pueblo donde nacimos,
con costumbres de asesinos
y maneras de traidor.
Servimos al invasor
y matamos al amigo.
Ese es el triste sino
del isleño perdedor.
Ni la décima cubana
ni un soneto de Villón
la salva de la maldición
a la isla de La Palma
donde aparente es la calma
pero camina la Muerte,
espejo donde ha de verse
la endecha a Guillén Peraza:
eres ciprés de triste rama
y sombra de negra suerte.
amnglicismos, mentiras y un vaso de leche
Trainig for. Next week.
Anoto los anglicismo de mis escritores favoritos en estos blogs. Necesito anglicismos y latinismos. El gigoló me los pide. Aprendió latín con una profesora del instituto, su segunda cliente. La primera fue en Los Cristianos, durante un campamentos de verano para colegiales de buenas familias. Esta primera cliente se pega un tiro cuando se queda sin dinero y no puede comprar su juego favorito. Me pasa siempre. Escribo un crimen como si dijera entró en el bar y pidió un bocadillo. Sólo veo el bocadillo, no veo la digestión. Eso es lo que nos pasó a todos la otra noche en El Generador. Vimos la película Sospecha, del mago del suspense. El final no nos convenció hasta que Esther dio con la clave. "Era un mentiroso". Es verdad. No hacía falta, como defendía Morgantani, ningún gesto que delatara que el hombre (aquí nombre del actor) ahora iba a matar a su mujer (aquí nombre de la actriz). El hecho de que era un mentiroso deja la película abierta: vemos sin que se cuente el siguiente vaso de leche: ella se lo beberá por la noche y al amanecer estará muerta sin que el asesino haya dejado ninguna huella. Pobre mujer enamorada. Morirá feliz, creyendo que la ama el hombre que la asesina. Un buscavidas, un burlador, un don juantenorio americano. En una sociedad donde la mentira es el mayor delito, tienes que ser maestro de la mentira o estás perdido. Como todo. Cualquier delito honra al delincuente mientras no sea descubierto. Si es descubierto, sólo el delito noble enaltece a quien lo comete.
Anoto los anglicismo de mis escritores favoritos en estos blogs. Necesito anglicismos y latinismos. El gigoló me los pide. Aprendió latín con una profesora del instituto, su segunda cliente. La primera fue en Los Cristianos, durante un campamentos de verano para colegiales de buenas familias. Esta primera cliente se pega un tiro cuando se queda sin dinero y no puede comprar su juego favorito. Me pasa siempre. Escribo un crimen como si dijera entró en el bar y pidió un bocadillo. Sólo veo el bocadillo, no veo la digestión. Eso es lo que nos pasó a todos la otra noche en El Generador. Vimos la película Sospecha, del mago del suspense. El final no nos convenció hasta que Esther dio con la clave. "Era un mentiroso". Es verdad. No hacía falta, como defendía Morgantani, ningún gesto que delatara que el hombre (aquí nombre del actor) ahora iba a matar a su mujer (aquí nombre de la actriz). El hecho de que era un mentiroso deja la película abierta: vemos sin que se cuente el siguiente vaso de leche: ella se lo beberá por la noche y al amanecer estará muerta sin que el asesino haya dejado ninguna huella. Pobre mujer enamorada. Morirá feliz, creyendo que la ama el hombre que la asesina. Un buscavidas, un burlador, un don juantenorio americano. En una sociedad donde la mentira es el mayor delito, tienes que ser maestro de la mentira o estás perdido. Como todo. Cualquier delito honra al delincuente mientras no sea descubierto. Si es descubierto, sólo el delito noble enaltece a quien lo comete.
lunes, 14 de mayo de 2012
Corrección La Palma VI (A Sibisse y a Anghel, pa que se acuerde de Librería Paradiso)
el ciego:
Los viernes con Emeterio,
los sábados con Juan
el que se esconde de Fran
y de su amigo Eleuterio.
Así le pone remedio
a su vida Candelaria
de quien yo soy el canalla
entre tanto caballero.
Los otros le dan dinero,
conmigo muele la savia.
Es mi boca más que labia
y si ciegos son mis ojos
doy luz y calmo enojos
a cualquier mujer canaria.
Y si viene la foránea
no se va sino contenta.
Cuando un celoso me intenta
pedirme explicaciones
le vendo cuatro cupones
y que me pague la cuenta.
*
el poeta:
Antes que cague la mierda
caga la copla ese ciego,
la copla de ciego viejo
que tiene seca la hierba
y bichada las acelgas
en la huerta en que se plantan
las voces cuando chirrían
repitiendo tonterías
de lorito cuando canta.
Quien presume de una tarta
no merece azucarillo,
es polvo de tabardillo,
ni siquiera es un canalla,
mojada está su metralla
y oxidado el vocerío.
Vende malhaya el cupón
y no dañes nuestro son
que en La Palma es oro fino
cuando lo entona con tino
quien es hombre y no cabrón.
*
mujer canaria:
Que se jacte el cegarato
y lo lamente el poeta.
Ninguno sabe mi treta
ni dónde paso los ratos,
qué gata no busca el trato
cuando la luna se enciende.
Ni Juan ni Pedro me entienden
y don Ciego es un papagayo
que cree creerse gallo
y canta lo que no tiene.
*
el autor:
Como no encuentro final
se lo dejo a Anghel Morales
que en andar por los frutales
de la edición es un as,
y si Anghel no es capaz
de resolver este enigma
que a G21 dé la consigna,
y si no en Luchalibros
donde se verán descubridos
los que no se persignan
en el principio del libro.
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