Amiga no vista:E
Mientras llega la cuentista moruna al aposento del rey, y puedo oir y ver por el ojo de la cerradura, te contesto a la tuya, que si quieres enviármela, para contestarla mejor, te dejo aquí dirección postal
Calle El Tanque, 58
(Barrio de La Salud)
S/c de Tenerife
38008
Tu carta tengo que escucharla dos veces más, o leerla, que es mejor, pero por lo pronto me quedé con eso que te dije, que me recordó un cuento de Fonseca y un consejo de Ovidio Nasón, el latino poeta.
En el cuento de Fonseca a un individuo le dio por observar lo que cagaba todas las mañanas. Llegó a conclusiones extraordinarias en sus lecturas de la mierda, acerca del significado del mundo y el sentido de la vida, hasta que descubrió que la cagada también tenía poderes nigrománticos. Gracias a esos poderes conoció a la mujer que le convenía. Se juntaron y todas las mañanas cagaban juntos y leían los vaticinios. Fueron muy felices, aunque no veo yo a Fonseca diciendo esa tontería de fueron muy felices.
El otro es Ovidio. En su libro El arte de desamar (antes había escrito El arte de amar) dice que él no lo aconseja porque no es digno proceder, pero si el que quiere desamar se arma de valor, la mejor manera de lograrlo es mirar por el ojo de la cerradura cuando la amada va al retrete. Como ves, dos casos antagónicos. En Fonseca la mierda es amor. En Ovidio, realidad que borra toda belleza.
Hoy, curiosamente, mi hermana me contó que mi sobrino nieto dijo, sin derecho a réplica, que todos los animales cagaban, menos los gatos. Los gatos sólo meaban.
Y ya que estamos escatológicos, recuerdo un chiste. Resulta que el Rey mandó a su bufón a cagar sobre la mesa en la casa de Quevedo.
--Mira, Quevedo, me manda el rey a cagar sobre la mesa del comedor y tengo que hacerlo. Es una orden del rey.
Quevedo, hombre de ley y cristiano viejo, invitó a pasar al bufón y que cumpliese la orden del rey. El bufón se subió sobre la mesa, se bajó los pantalones y se acuclilló. Y en esto apareció Quevedo con un arcabuz, encañonándolo.
--Tú caga tranquilo como te ordenó el rey, pero como te mees te mato.
Otro cuento escatológico memorable lo escribió Ignacio Gaspar, tu vecino. Si recibo tu carta en papel, te mando el relato, Yo fui el editor.
Y sobre eso del Libro de los Destinos, te digo que ví a la mujer que me dijo.
En fin, como dice la gente de teatro antes de una función, y en el sentido que ellos lo dicen, mucha mierda,
lunes, 29 de julio de 2019
domingo, 28 de julio de 2019
en las mil y una noche
He podido saber que en la antigüedad de los tiempos y en el rico país de Kaledán había un rey llamado Schahramán. Tenía ejércitos y riquezas considerables, y era feliz con sus setenta favoritas, sin contar a sus cuatro esposas legítimas, pero también sufría porque era estéril y no había podido tener descendencia. Alá no le había dotado de un hijo que heredara el trono. Un día decidió poner a su gran visir al corriente de su secreta pena.
--Mi buen visir, no sé por qué soy estéril pero estoy sufriendo. Soy ya viejo y no he dado frutos.
El visir reflexionó una hora y a la hora levantó la cabeza y dijo:
--Rey, la cosa es muy delicada y eso sólo lo puede resolver Alá. A pesar de haber meditado mucho, yo sólo encuentro una cosa que podría remediarlo.
--¿Qué cosa es esa?
--Verás, esta noche antes de entrar en el harén haz tus abluciones con fervor e invoca con humildad al señor de la fecundidad, diciendo
Fecundador,
padre de las fuentes vivas,
padre de los que viven,
haz que mi semilla
sea bendita
y así tu unión con una de las selectas será fertilizada por la bendición.
Oyó esto el rey y exclamó:
--Visir, esas son palabras prudentes. Me has indicado un remedio admirable.
Y en agradecimiento le regaló una vestidura muy lujosa. Luego, de noche, después de cumplir el rito minuciosamente, entró en la cámara de las mujeres y escogió a la más joven. Al cabo de nueve meses, ella parió un niño varón en medio de un regocijo de clarinetes, címbalos y pífanos. El niño era tan bello, tan parecido a la luna, que su maravillado padre le puso por nombre Kamaralzamán (Rey del Tiempo). Su belleza llegó al delirio cuando cumplió los quince años. Sus ojos fueron más mágicos que los ángeles Harut y Marut, su mirada más seductora que la de Tagut y sus mejillas más placenteras que las anémonas. Su talle era más flexible que la caña de bambú y más fino que una hebra de seda. Su grupa era tan movible y encantadora que los ruiseñores al verla se ponían a cantar.
El rey Schahramán amaba mucho a su hijo, no podía separarse de él ni un instante. Y no quería irse de este mundo sin verlo casado. Un día esta idea le preocupaba más que de costumbre y le dijo al jefe de los eunucos:
--Vete enseguida y dile a mi hijo que venga a hablar conmigo.
Nada más el eunuco transmitirle la orden, Kamaralzamán se presentó a su padre. Se detuvo ante él, le deseó la paz y bajó los ojos, como corresponde hacer a un buen hijo,
En este momento, Scherezada vio aparecer la mañana.
--Mi buen visir, no sé por qué soy estéril pero estoy sufriendo. Soy ya viejo y no he dado frutos.
El visir reflexionó una hora y a la hora levantó la cabeza y dijo:
--Rey, la cosa es muy delicada y eso sólo lo puede resolver Alá. A pesar de haber meditado mucho, yo sólo encuentro una cosa que podría remediarlo.
--¿Qué cosa es esa?
--Verás, esta noche antes de entrar en el harén haz tus abluciones con fervor e invoca con humildad al señor de la fecundidad, diciendo
Fecundador,
padre de las fuentes vivas,
padre de los que viven,
haz que mi semilla
sea bendita
y así tu unión con una de las selectas será fertilizada por la bendición.
Oyó esto el rey y exclamó:
--Visir, esas son palabras prudentes. Me has indicado un remedio admirable.
Y en agradecimiento le regaló una vestidura muy lujosa. Luego, de noche, después de cumplir el rito minuciosamente, entró en la cámara de las mujeres y escogió a la más joven. Al cabo de nueve meses, ella parió un niño varón en medio de un regocijo de clarinetes, címbalos y pífanos. El niño era tan bello, tan parecido a la luna, que su maravillado padre le puso por nombre Kamaralzamán (Rey del Tiempo). Su belleza llegó al delirio cuando cumplió los quince años. Sus ojos fueron más mágicos que los ángeles Harut y Marut, su mirada más seductora que la de Tagut y sus mejillas más placenteras que las anémonas. Su talle era más flexible que la caña de bambú y más fino que una hebra de seda. Su grupa era tan movible y encantadora que los ruiseñores al verla se ponían a cantar.
El rey Schahramán amaba mucho a su hijo, no podía separarse de él ni un instante. Y no quería irse de este mundo sin verlo casado. Un día esta idea le preocupaba más que de costumbre y le dijo al jefe de los eunucos:
--Vete enseguida y dile a mi hijo que venga a hablar conmigo.
Nada más el eunuco transmitirle la orden, Kamaralzamán se presentó a su padre. Se detuvo ante él, le deseó la paz y bajó los ojos, como corresponde hacer a un buen hijo,
En este momento, Scherezada vio aparecer la mañana.
sábado, 27 de julio de 2019
barre la linda vecina,
señora de Nicolás,
el polvo que afuera
dejaron los albañiles,
esos secretos poetas.
--Me fijé solo en Jesús porque es más guapo que tú --dijo Manuela, yo de espaldas a la máquina del dinero, el director de la agrupación musical en la mesa formica a la izquierda.
--Ay... --dijo Esteban.
Hacía tiempo que Manuela, galante mujer, estrella de la agrupación, no aparecía por Ibrahim.
Mi tocayo, el director, dice que hace tiempo le di una letra (es verdad, y hasta ahora, dos años después, no me ha dicho nada de la letra.
--ES preciosa. Estoy buscando la inspiración para saber la música que tengo que ponerle. Tú este año tienes que venir a cantar a la Agrupación.
--Si me metes en el coro puede ser.
Recordé cuando a los doce años iba al catecismo (iglesia de Fátima, barrio de Salamanca). Me gustaba. Hacíamos excursiones. Había rifas. Yo me saqué un balandro de juguete. Lo que no me saqué fue el amor de una rubia preciosa. Como me hacía caso normal, no el que yo quería, una vez cuando fue a sentarse le quité la silla y se deslomó contra el suelo. Me expulsaron. Pero recordaba el catecismo por el grupo musical. Me hicieron una prueba. Se echaron manos a la cabeza.
--En el coro, si canta bajito, no desentona del todo --dijo un responsable.
--Vale, lo ponemos en el coro pero que sólo mueva los labios --dijo otro.
No está en la calle limpia
del sábado por la tarde
sentada a la sombra del nogal
la vieja enamorada.
señora de Nicolás,
el polvo que afuera
dejaron los albañiles,
esos secretos poetas.
--Me fijé solo en Jesús porque es más guapo que tú --dijo Manuela, yo de espaldas a la máquina del dinero, el director de la agrupación musical en la mesa formica a la izquierda.
--Ay... --dijo Esteban.
Hacía tiempo que Manuela, galante mujer, estrella de la agrupación, no aparecía por Ibrahim.
Mi tocayo, el director, dice que hace tiempo le di una letra (es verdad, y hasta ahora, dos años después, no me ha dicho nada de la letra.
--ES preciosa. Estoy buscando la inspiración para saber la música que tengo que ponerle. Tú este año tienes que venir a cantar a la Agrupación.
--Si me metes en el coro puede ser.
Recordé cuando a los doce años iba al catecismo (iglesia de Fátima, barrio de Salamanca). Me gustaba. Hacíamos excursiones. Había rifas. Yo me saqué un balandro de juguete. Lo que no me saqué fue el amor de una rubia preciosa. Como me hacía caso normal, no el que yo quería, una vez cuando fue a sentarse le quité la silla y se deslomó contra el suelo. Me expulsaron. Pero recordaba el catecismo por el grupo musical. Me hicieron una prueba. Se echaron manos a la cabeza.
--En el coro, si canta bajito, no desentona del todo --dijo un responsable.
--Vale, lo ponemos en el coro pero que sólo mueva los labios --dijo otro.
No está en la calle limpia
del sábado por la tarde
sentada a la sombra del nogal
la vieja enamorada.
viernes, 26 de julio de 2019
Le llevé el cuadro a Margarita, retrato de una nieta, elaborado como mi abuela Petronila los bordados que hacía, y que se los quedó todos mi hermana, para no variar. Me dijo, Margarita, que quiere también su retrato. Sí, y yo que me rasquen el huevo izquierdo. Burguesía peninsular en Canarias. Al menos no son tan jediondos y cobardes como la burguesía franquista criolla de CC. O el pollaboba de García Ramos, lujurioso de boca el hombre. El problema de Cubillo fue lo de la lucha armada. Con cuatro pistolas de segunda mano, y una docena de balas oxidadas, declarar la guerra es también una idiotez. Y criar cuervos. Mi madre, qué pueblo este de idiotas. Yo el primero.
--No te invito al Nautico porque voy a ver dibujos animados.
Cojo la guagua de vuelta. Arriba arriba iré, y en llegando descansaré.
--No te invito al Nautico porque voy a ver dibujos animados.
Cojo la guagua de vuelta. Arriba arriba iré, y en llegando descansaré.
jueves, 25 de julio de 2019
Problemas en esta fuente del ordenador. Seguramente contagio lento de la otra. A ver si muere y ya dejo de escribir aquí. Esto parece un juego de tontos. Como el García-Ramos, nacionalista él, el que criticó que en las exposición aquella de Robayna y Borrego, donde se demostró que hay mujeres (y hombres) a las que sólo les interesan ellas mismas y no el arte (con el arte se limpian el coño, o se lo ensucian) , alegó que no estaba cierta poeta (muy mala y con mucho postín trepa) que en el límite temporal de la exposición sólo tenía 9 años, y si ahora es petulante poeta, mejor no saber cómo era entonces. Este Ramos arrimado al caciquismo anteriormente franquista de las islas, ahora salta recordando a Cubillo. Mierda le den en los besos.
Decidí ir a La Laguna. Avisé a Agustín que iba. Así nos veíamos un rato y hablábamos. Estaba con un poeta, de los que tiran barro a la pared y alguno por casualidad hasta no se cae al suelo. Un pesado y un falso. Poco pude hablar, sólo que en los gremios literarios hay más corrupción que en el político.
No sé si más, pero más idiota sí.
En fin, antes de subir bajé a coger el tranvía. En una lateral de Miraflores, tremendo pollo. Gentío mirando hacia una ventana. Le pregunté a una mujer.
--Él, que le tiró el bolso a la calle y ella que luego le tiró los zapatos.
--Fue porque la pilló con otro hombre --amplía otra la información.
La ventana es de un piso de prostitución, Mejor sigo de largo. Historias no faltan. En el tranvía otra. Otra mujer. Intento quedarme con la sintaxis. De boxeadora. Está que también hubo un desacuerdo sentimental, y le cuenta la historia supongo que a una amiga.
En bajando, en La Laguna, un sujeto habla por el móvil.
--Yo te hago el bien y así me pagas, así me pagas, asi me pagas --disco rayado el hombre.
Reburujados deben de estar los astros.
Más tranquilidad por la noche en Santa Cruz, con Marcelino, hablando de poesía. Un tema como otro cualquiera,
Decidí ir a La Laguna. Avisé a Agustín que iba. Así nos veíamos un rato y hablábamos. Estaba con un poeta, de los que tiran barro a la pared y alguno por casualidad hasta no se cae al suelo. Un pesado y un falso. Poco pude hablar, sólo que en los gremios literarios hay más corrupción que en el político.
No sé si más, pero más idiota sí.
En fin, antes de subir bajé a coger el tranvía. En una lateral de Miraflores, tremendo pollo. Gentío mirando hacia una ventana. Le pregunté a una mujer.
--Él, que le tiró el bolso a la calle y ella que luego le tiró los zapatos.
--Fue porque la pilló con otro hombre --amplía otra la información.
La ventana es de un piso de prostitución, Mejor sigo de largo. Historias no faltan. En el tranvía otra. Otra mujer. Intento quedarme con la sintaxis. De boxeadora. Está que también hubo un desacuerdo sentimental, y le cuenta la historia supongo que a una amiga.
En bajando, en La Laguna, un sujeto habla por el móvil.
--Yo te hago el bien y así me pagas, así me pagas, asi me pagas --disco rayado el hombre.
Reburujados deben de estar los astros.
Más tranquilidad por la noche en Santa Cruz, con Marcelino, hablando de poesía. Un tema como otro cualquiera,
miércoles, 24 de julio de 2019
Cuando te dé igual 8 que 80, habrás llegado al nirvana. Mientras tanto no es mal consejo hacer y no hacer como si ya no importasen las contradicciones, como si no existiesen. Y menos los cliches de las culturas acartonadas pero poderosas. La locura controlada (Juan Matus) sería actuar en público acorde con esos cliches, pero no vender la palabra. Si vendes la palabra (no me refiero a dinero, a escribir como trabajo) has vendido el cuerpo. Te has prostituido. Vender el cuerpo es vender el alma. El cuerpo se da por gusto o a cambio de haberes monedados u otro precio, pero se da sin fingimiento. Venderlo es fingir. Venderlo es someterlo al capricho de otro. Cuando el capricho de otro no es acorde a ti, la opción es no cambiarlo por dinero. La puta libre. Heredará el poder. El poder como poder y no como artificio,
lunes, 22 de julio de 2019
Después del carnaval (impresionismo) viene la cuaresma (construcción). Esto más o menos escribe Eugenio d'Ors en un libro que tiene sobre Cezanne. Me ha venido como anillo.
"Cualquier constructor es fiel a la razón; aspira a un arte completamente intelectual, porque siente su alma fatigada y ya asqueada de sensualidad" -y continúa--: No ya representación, como en el realismo; no ya sugestión, como en el impresionismo; en vez de representación, en vez de sugestión, una definición... Y una definición de este género no puede contentarse con la apariencia unilateral de un objeto; más bien trata de enriquecer la percepción con todos los elementos del recuerdo". Y varias líneas más adelante: "En pintura, si se quiere reproducir el objeto, es necesario recurrir a una enumeración simultánea. De esta contradicción entre las fatalidades del arte y el impulso del deseo nace la tortura y la lucha en los pintores contemporáneos.* Lucha y tortura que los empuja de continuo a nuevos ensayos, porque saben que la misión del artista no está en el placer, sino en la perfección, ... no son epicúreos, sino estoicos.
"Un estoico en la vida moral; en su arte, un barroco que termina en dórico; tal es la doble definición de Cézanne."
Saltando la cita, en relación con la primera línea, después del pecado viene la penitencia. Fui un poco borde con Alicia (del Club donde sólo se admiten caballeros). "Tú eres un caballero, Jesús, por eso estás en nuestro club", escribió en el wasap del grupo. "Yo soy un villano infiltrado", le contesté, y no tenía que haberlo hecho. Mal hecho. Aunque ya no soy un jabato, Alicia físicamente es más débil que yo. A una persona débil es menos indigno darle una nalgada que una palabra de más.
Todo por la novela La Tregua (Benedetti). Una vez una amiga --¿dónde estará ahora?-- me prestó otra novela de ese autor. Me la llevé a Santa Bárbara** cuando tuve que cumplir una condena de arresto domiciliario. En aquella casa, en aquella tierra germinó y creció Barrio Chino. En la novela no puse muy bien aquella obra de Benedetti. La tregua la leí con mejor agrado hasta la mitad. A partir de ahí --parecido a lo que Eduardo García Rojas dejó anotado sobre El cuervo***-- la novela se defondó. Hice esfuerzo de lectura, cosa que no me gusta para a veces es provechoso. El recuerdo de la lectura está desprovisto de la pesadez de la novela. La pesadez de leer ya ha pasado. El recuerdo hace un resumen más provechoso y liviano. Siao Ling, que defiende La tregua por entero, me acabó de convencer. Tal cómo ella la contó, ayer en el almuerzo, es una obra atractiva, sin tópicos ni trucos malamente logrados.
*El libro de Eugenio d´Ors, muy bien editado (en el reverso de la portada un sello de Librería Goya) no tiene fecha de edición ni editorial, no tiene página de... ¿cómo se llama eso que es a cuerpo 8? Yo lo encontré en la Casa de la Cultura. La gente deja libros allí para que otros se los lleven. (La dificultad es que algunos de los más valiosos --en edición y obra en sí-- tienen pulgas o algún bichito microscópico.)
**Tengo que aprender a decir este nombre sin que la tempestad me revuelva.
***Rojas elogió El cuervo hasta la mitad. Lo otro le pareció añadidura, vanidad del autor. Y tuvo razón. No estoy yo para una segunda edición. Pero si se hiciera, esa novela acabaría cuando a los recogedores les llegan las anunciadas furgonetas. Lo otro quitarlo todo.
"Cualquier constructor es fiel a la razón; aspira a un arte completamente intelectual, porque siente su alma fatigada y ya asqueada de sensualidad" -y continúa--: No ya representación, como en el realismo; no ya sugestión, como en el impresionismo; en vez de representación, en vez de sugestión, una definición... Y una definición de este género no puede contentarse con la apariencia unilateral de un objeto; más bien trata de enriquecer la percepción con todos los elementos del recuerdo". Y varias líneas más adelante: "En pintura, si se quiere reproducir el objeto, es necesario recurrir a una enumeración simultánea. De esta contradicción entre las fatalidades del arte y el impulso del deseo nace la tortura y la lucha en los pintores contemporáneos.* Lucha y tortura que los empuja de continuo a nuevos ensayos, porque saben que la misión del artista no está en el placer, sino en la perfección, ... no son epicúreos, sino estoicos.
"Un estoico en la vida moral; en su arte, un barroco que termina en dórico; tal es la doble definición de Cézanne."
Saltando la cita, en relación con la primera línea, después del pecado viene la penitencia. Fui un poco borde con Alicia (del Club donde sólo se admiten caballeros). "Tú eres un caballero, Jesús, por eso estás en nuestro club", escribió en el wasap del grupo. "Yo soy un villano infiltrado", le contesté, y no tenía que haberlo hecho. Mal hecho. Aunque ya no soy un jabato, Alicia físicamente es más débil que yo. A una persona débil es menos indigno darle una nalgada que una palabra de más.
Todo por la novela La Tregua (Benedetti). Una vez una amiga --¿dónde estará ahora?-- me prestó otra novela de ese autor. Me la llevé a Santa Bárbara** cuando tuve que cumplir una condena de arresto domiciliario. En aquella casa, en aquella tierra germinó y creció Barrio Chino. En la novela no puse muy bien aquella obra de Benedetti. La tregua la leí con mejor agrado hasta la mitad. A partir de ahí --parecido a lo que Eduardo García Rojas dejó anotado sobre El cuervo***-- la novela se defondó. Hice esfuerzo de lectura, cosa que no me gusta para a veces es provechoso. El recuerdo de la lectura está desprovisto de la pesadez de la novela. La pesadez de leer ya ha pasado. El recuerdo hace un resumen más provechoso y liviano. Siao Ling, que defiende La tregua por entero, me acabó de convencer. Tal cómo ella la contó, ayer en el almuerzo, es una obra atractiva, sin tópicos ni trucos malamente logrados.
*El libro de Eugenio d´Ors, muy bien editado (en el reverso de la portada un sello de Librería Goya) no tiene fecha de edición ni editorial, no tiene página de... ¿cómo se llama eso que es a cuerpo 8? Yo lo encontré en la Casa de la Cultura. La gente deja libros allí para que otros se los lleven. (La dificultad es que algunos de los más valiosos --en edición y obra en sí-- tienen pulgas o algún bichito microscópico.)
**Tengo que aprender a decir este nombre sin que la tempestad me revuelva.
***Rojas elogió El cuervo hasta la mitad. Lo otro le pareció añadidura, vanidad del autor. Y tuvo razón. No estoy yo para una segunda edición. Pero si se hiciera, esa novela acabaría cuando a los recogedores les llegan las anunciadas furgonetas. Lo otro quitarlo todo.
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