El sueño a veces vaticina la realidad, a su manera. Ayer por la tarde abro un corto que habla de Sagitario, curiosidad por saber cómo me va a ir en el amor estancado, el dinero y la salud. La salud la tenía como Cristo en el calvario, el cuerpo y peor el alma, por los suelos. Con el dinero, gracias a Dios, no hago quejas, tengo para comer y para comprarme un jugo de membrillo, esperando esa exquisita comilona que me ha prometido Juan gracias a los elogios que hago a su obra. No todos los elogios son tan falsos como los de Rufián el catalán criticando a los parlamentarios que cobran buenos sueldos y no defienden a los pobres. El amor, en fase prolongada de ayuno, es más preocupante. Medito oyendo lo que una bruja de muchas cartas dice mirando varios Tarot, todos menos el auténtico, el de Marsella. Cuando la bruja va a hablar del amor, el ordenador se para en seco, el ratón no se mueve y se pone a meter un ruido desagradable. No hay manera de apagarlo, de detenerlo. Lo llevo al patio, desenchufado, para que a lo largo de la noche se le descargue la batería y se apague solo. Lo llevo a donde apenas lo oigo si me acuesto a dormir. En esto llega Ayara, la que saca al podenco Rafael esta semana alojado en casa. Saca a Rafael y vuelve. Le digo lo del ordenador, el ruido delata su avería. Al final, espabilada juventud, la muchacha logra apagarlo. Menos mal. Por la mañana, hoy, lo enciendo otra vez y funciona normal, como si no le hubiera pasado nada. Se abre ese callejón. Sigo andando. Pantalla libre. Carretera abierta.
domingo, 20 de abril de 2025
sábado, 19 de abril de 2025
otro sueño
Me levanto temprano, antes de amanecer, ágil como un mandril. Ma visto normal, cojeo hasta el carrito de Vicenta, compro el tabaco, un rosquete lagunero y cocacola sabor original. Vuelvo a casa, por el trayecto de las tres escaleras que tiene la calle; siempre me acuerdo de T cuando paso justo por la que está más arriba, la escalera doblada (las otras dos son rectas) y llego a casa. Abro, veo un par de youtube y fumo un par de cigarrillos. Me derroto y me acuesto. Sueño con una doblez inaudita. A veces soy un personaje, a veces otro y otras veces un testigo omnisciente. Una dama de buen ver me lleva en su coche, tipo cucaracha, de dos plazas, a un recinto elevado. Voy en cholas, me cuesta subir la escalera, pegada a una pared. En lo alto no hay ñaca ñaca sino tertulia. Allí un famoso crítico literario nos recibe. No me acuerdo de que hablamos. Creo que de los viejos cortos de Hitchcock en la televisión. "Está muy bien ser un genio como yo, que ha hecho grandes películas, pero también tengo que comer y me veo obligado a hacer estas basuritas que tanto os entretiene, al servicio de un productor que parece que no rompe un plato pero es un gran delincuente". Comenté con el críttico esa frase, más o menos, del cineasta. Lo demás no me acuerdo. La dama está dándose el lote con otro pero me hace señales de que me prefiere a mí. Yo contento, soy el escogido. O soy la dama, matando al bobo y eligiendo al más guapo. El crítico no sé que hace; desaparece, se escabulle. Bajamos la escalera la dama y yo y nos subimos en su coche. Me dice que conduzca yo. De pronto, en plena marcha, percibo que del coche han desaparecido los mandos de los pies, el freno, el acelerador y el embrague.. Entro en la ciudad conduciendo a ciegas pero por suerte no hay ningún percance. Le grito a unos transeuntes, pasando por una avenida rente al mar, que paren el coche. Lo hacen, a la fuerza bruta. La dama se pone al volante. Esta vez con acelerador y freno en su sitio, y yo al lado. Aliviado, contento de que sea ella la que maneje. Es su coche cucaracha y lo conoce. Me habla de que pronto hará un viaje a Nápoles. me habla maravillas de Nápoles. Llegamos a un calle toda en obra, con zanjas abiertas. En la puerta, de cristal, de un edificio, nos espera el marido. Un chino calvo y cabreado. Sabe artes marciales y tiene instrumentos de ataque. Estoy perdido. Eludo los primeros golpes pero sé que estoy perdido. No sé cómo, alguien me ayuda, una aparición angelical, y le da con una piedra en la cabeza al temible chino. Lo deja tumbado en el suelo. La dama llama a la policía, pide ayuda porque han matado a su marido. Salgo por patas. Más tranquilo, deambulo por la ciudad intentando encontrar mi casa. La ciudad es totalmente desconocida. No mee oriento y pido ayuda. Alguien me indica que tengo que ir por tal sitio, y ese sitio me lleva a una comisaría subterránea. Me detienen porque sospechan que yo soy el asesino. Les pido que me dejen hacer una llamada de teléfono. De pronto una poli deduce que yo vivo en Gijón y me dejan libre. Me sueltan en un callejón sin salida. Otra vez perdido. Despierto. Rafael el podenco me titó de la mesita al suelo varias cosas que estoy dibujando. Esto ya es la realidad. El sueño quedó atrás. Me caliento un café y enciendo un cigarrillo.
miércoles, 16 de abril de 2025
--Lo que quiero es comer y saborear su membrillo, señora.
Me da vueltas en la cabeza esta frase no dicha. No diré el nombre de la señora, señora sin nombre. Lo de membrillo está en El licenciado vidriera. La enamorada le da a comer su membrillo y el hombre se vuelve loco. El contenido del membrillo le desbarató el alma. No le gustó nada.
En fb, una amiga me recomienda que lea La tía Julia y el escribidor. En la pantalla, en youtube, me entero del argumento y de fragmentos de esa novela. Tiene una estructura semejante a El negro. Interesante coincidencia.
lunes, 14 de abril de 2025
Hitchcock
Me entretengo viendo cortos de Hitchcock. El último me encantó especialmente. Es de una vieja madre que le dice a su hija que deje de estudiar tanto y que vaya unos días al pueblo de una amiga a divertirse. Cuando la señora está sola, la visita un agente de policía. Le dice que su hija ha estado carteándose con un delincuente muy peligroso que se ha escapado de la cárcel. El policía sale de la escena y entra el ladrón, en la casa de la solitaria mujer. Pistola en mano. Larga conversación de lo mucho que ama a su hija y la mujer lo consuela, le acaricia los brazos, le pasa una mano por el hombro. Soy yo el ladrón y me olvido de la hija y me acuesto con la madre. Mujer atractiva y peculiar. El ladrón enamorado ve una foto de la hija con otro joven y se pone diabólicamente celoso. La vieja atractiva logra quitarle la pistola y lo amenaza. Él se pone bobo y ella dispara, una herida en un costado, nada mortal. El tío cae al suelo y la policía acude en masa. Lo devolverán a la cárcel. Pasa el tiempo. La hija le dice a la madre que se va a dar un baño a la playa. La mujer mayor escribe una carta. Una carta de amor al ladrón, otra más, convenientemente perfumada. Hitchcock se disculpa de que en esta pequeña película no haya habido ningún crimen.
domingo, 13 de abril de 2025
la viuda negra
Las viudas negras. Podía ser el título de una novela. Me acuerdo de Ramón cuando le hizo una foto a esa araña vagabundeando por la pared desconchada de un, en otro tiempo, noble edificio, en la calle El Clavel, paralela a la Nokia ahora frecuentada por un autor canario-alemán, mezcla de Cervantes y Goethe, tal la novela suya que se titula La gesta. Días de cañonazos en Santa Cruz. Empezando por dos niños, un cojo y un intelectual, y terminando con un donjuán tirándole los tejos a la señora y atractiva Muerte. La figura de este don Juan no es de la egregia fábrica de Tirso de Molina ni de la romántica farsa de Zorrilla. Este don Juan no engaña ni se burla. Es un poco moroso pero no es culpable de más nada. La santa Muerte no le quita la polla tiesa sino que se la aviva. Y en medio de esa gesta, el amor más auténtico que se puede dar en este mundo, el de una sensible bestia que salió del mar y una costurera. Y un furriel enamorado, desgraciado en amores que por lo menos, gracias al opio, logra ser poeta. Es el personaje más real en esa novela fabricada sobre un esqueleto histórico.
Ramón perdió la foto de la viuda negra. Mala suerte. La mejor foto que hizo en su carrera de fotógrafo. Me la trajo a la memoria el caso del poeta García Montero y Susana Rivera, la viuda del poeta Ángel González. Aquí hay pollo. Quien está al tanto lo sabe. La historia tiene enredos misteriosos. Yo imagino, la imaginación es libre, una misteriosa relación con otro caso, menos mediático, el caso del hermano y la musulmana.
miércoles, 9 de abril de 2025
La polla ya no acude a la trinchera,
no puede penetrar, como piedra de catapulta,
la fortaleza asediada.
No son despiadados los dioses,
aún puedo acariciar
y ponerme de rodillas y posar los labios
en el cubil de la paloma.
Eso si el cuerpo no está desabrido
o se ha excedido en digerir la sal,
convertido en estatua, con la mirada
en la ciudad lejana.
Viene la tormenta, hay que guarecerse.
martes, 8 de abril de 2025
Hablo con Ramón. Me dice que el próximo espique va a ser sobre la hispanidad y la leyenda negra. Le digo, sobre esa etapa histórica, lo que le oí al ya viral Maestro: La colonización española fue generadora y la inglesa fue depredadora. Me invita a ir a Los Cristianos y ver a Berto y que me cuente todos sus achaques y destrozos e ir yo preparado, haciendo poemas --como quiere Ramallo-- con los prospectos de las pastillas que me mandaron los médicos. Exceso de médicos tengo: reumatóloga, cardiólogos, neumatólogo. Me falta una psiquiatra que sepa pasar de las palabras a los hechos. Platos exquisitos pruebo de vez en cuando. Los amigos ven mi necesidad sibarita y me atienden bien. Mis amigas en unos casos sí y en otros no. La única que me visita en Nguyen. A veces hablamos del hermano del judío marroquí. De Angel poco ultimamente. Y también de Juan. Creo que admira a Juan incluso más allá de su admirable literatura.
Hablando de literatura. oigo a Maestro escachar con un zapato el discurso de Cercas en la Academia. En criterio de Maestro, es un discurso de mono. Por Martín supe que el tal Cerca le hizo un libro al Papa. En fin, el lejano Cerca se me acerca, pero todavía sin mucho sabor. Sabor a hamburguesa. Más curiosidad tengo por Rasputín. Lo relaciono con Maximiliano, figuras contrapuestas. Ambos fueron matados, uno de una manera estatal y otro de una manera bestial.