viernes, 11 de marzo de 2011

cosas viejas (2)

A quien mató la calandria que me cantaba al albor, dele Dios mal galardón. A quien robóme los libros (bastantes centímetros) que lo condene a leerlos, en vez de cultivar vino con veneno y criar tortugas de dos cabezas. Es curioso, lo que más me fastidiaba de mi padre, in illo tempore, era su manía de preparar el territorio contra los ladrones de afuera. (De los de adentro, mejor callar la boca.) La única defensa es que lo robado se vuelca contra el ratero como un tsunami. Lo arrolla. Pero antes tendremos que comulgar con la ley Pajín. En fin, cada cual disfrute de su gusto, libertad que traspasa la libertad del otro, ese canalla, ese... En fin, es bueno saber lo que no se sabe. Anghel me echa en cara mi canto a Israel, sin saber que mi Israel es El cuervo de papel, aún esperando el prólogo del hermano judío mayor y la copia en papel.
Hoy móvil-móvil con Berto. Pegando fuerte el Lagarto, boxeando al gancho de izquierda. Obsesionado con Javier Hernández. Pronto, Javier estará en Las Palmas (esa isla prometida), con Anghel Morales su editor, y su libro de los 13 cuentos ejemplares. Mejor los de Ramallo y Marcelino --no hay que olvidarlo, por sincronía, una época marcada por el independentismo bananero de don José--. Javier sabe mover la trama, y no es poco valor. Se le escapa la atmósfera necesaria, pero cuando sufra un poco y aprenda a respirar, pobre de nosotros infelices poetas menores.
Aquí abajo va otro viejo presunto poema. Con un tema tópico: lo esfímero. Eso siempre me interesó. Akí en Canary ese tema está ya en los primeros versos en español conocidos: "todo lo acaba / la malandanza". La vida es breve. Ni el carpe diem sirve de consuelo como recurso a la contra. Es necesario no dejar de saber que la muerte camina siempre a metro y medio (si don Juan yaqui no engañaba). La vida es breve y el arte largo, decía Ortega (?).
El arte hoy ya ni es breve ni largo. Se acabó. La pintura se acabó con... ¿quién ultimó el arte de la pintura?


fríamente ve
por dónde tomar la senda
y anochece, y se acuesta
y se levanta
y mea,
y duerme otro poco
y fuma el cigarro
de las tres y media,
y entre humo y humo
espera
y mientras
se va calentando
la frialdad y
le da un puntapié al orinal
y padece de insomnio,
y según dijo el médico
acusa un fuerte dolor de vientre,
y muere, según la esquela.

1 comentario:

JRamallo dijo...

Pues me gusta mucho este viejo presunto poema