miércoles, 26 de febrero de 2025

 En Injertos, obra de cuentos inédita, qué vamos a hacer, se configura con fuentes encontradas. Los colorines de vidas de santos y los relatos e imágenes de revistas y colorines pornográficos. En la obra diluí la corriente culta, algunos cuentos de san Borges, en la corriente vulgar, de autores que son diablos cojuelos y escriben de lo que esconden las paredes. Los primeros son hijos de la inteligencia y los otros lo son del instinto. Me acordé de Samaniego, el que tuvo un pleito literario con Iriarte. Con la mano derecha hacía fábulas morales y con la izquierdas estampas pornográficas. De estas encuentro una ahora:

Tenía cierta vieja la costumbre, / al meterse en la cama, /arrimarse en cuclillas a la lumbre, / en camisa, las manos a la llama. / En este breve rato / le hacía un manso gato / dos mil caricias tiernas: / pasaba y repasaba entre sus piernas. / Y como en tales casos la enarbola, / tocaba en cierta parte con la cola. / Y la vieja muy cuitada, / muy contenta decía/ Peor es nada.

De este poema zoofólico dice el comentarista que es uno de los menos subidos de tono.

En la polémica con Iriarte, el vasco le dijo al canario que sus obras no tendrían estimación aunque las prohibiera la Santa Inquisición.

La Santa Inquisición sobre quien puso su vista fue contra las versos humanos de Samaniego. Se libró de que lo encarcelaran porque era un aristócrata con muchos amigos influyentes.

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