lunes, 2 de mayo de 2011

de "La posesión"

Ahora, desvalido como estoy, me siento extrañamente confortado. Por más que hayan dado fuego al palacio. Si es preciso volveré a comenzar. Esta tierra tiene sobrenaturales efluvios. En esta noche incierta, vacilante, ella desprende como una vibración, como una invisible llama que resuena en el ámbito. No, jamás abandonaré esta tierra; nunca lo podré hacer. En ella están enterrados, esparcidos por la llanura, los cadáveres de mis enemigos. Por ahí, sin tumbas y sin cruces, sin limitar, están enterrados sus cuerpos. Se deshicieron y continúan deshaciéndose en su gran seno, disolviéndose en el campo todo.
Amo a esta tierra. La amo con dolor, ciegamente, como nunca podrá ser amado ser ni cosa alguna. Y ante este amor, la sangre nada importa.
Ya es de noche enteramente.
Camino hacia el palacio, completamente solo en esta noche, con mi afán, con mi fuerza.
Camino solo por este gran campo mío, como el único hombre en esta tierra de cobardes.


(en Cuatro relatos, Isaac de Vega. Editorial Benchomo, 1992.)

4 comentarios:

Campanilla dijo...

COMO ANILLO AL DEDO. EXTRAÑAMENTE FAMILIARES LOS SENTIMIENTOS.

The Wild Rose dijo...

Impresionante, enorme Isaac

JRamallo dijo...

"Porque él desea ardientemente el valor para lanzarse a caminar sobre la tierra y desafiar a sus hombres. No pide más que el valor, el empuje moral que nazca frío y duro como el acero (...) Un rencor hondo le mueve contra la caprichosa suerte que reparte las cosas". Miguel y su enano maligno (Cuatro relatos, Isaac de Vega).

Anghel Morales García dijo...

NADIE QUE SE CONFORME CON SER EL MONAGUILLO DE UN RABINO, PUEDE TENER MAS LIBERTAD QUE SU PROPIA ESCLAVITUD PRISIONERA EN EL VACIO.