martes, 28 de diciembre de 2010

regreso

La verdad, duermo mejor en el cuarto no museo. (ver última entrada del blog vecino ¿Le gusta este jardín que es suyo?)... Ayer mi padre repiraba Jacob, Jacob, Jacob... y Sibi voló a Madrid por la mañana. Atrás dejó una comida plena con Marcelino y su padre en... ¿cómo se llama el sitio ese de La Matanza?
Oí el progromo. El germánico Herar no comprende el humor local de Victor Roncero. Más universal y judío el del hermano Lizundia. El tema más interesante, aparte de JRamallo, el caso "Marcelino Rodríguez Marichal el usurpador", lo cortó primero Cuervo Herar con un discurso correcto, pero lo correcto que no atiende a los matices no es el juicio más acertado. Es curioso porque con el caso planteado por Lizundia ("Marcelino el usupador") estaba relacionada la pregunta que el incumplidor Marcelino propuso que se le hiciera a Ramallo: el papel del editor en relación con la obra del autor, el caso de Carver, en que el editor intervino en la fabricación de la obra, ejerciendo de podador. Lizundia planteaba, tuvo que reconocer que en broma, puesto que la cosa se estaba poniendo seria, rasgo crítico en Marcelino era la usurpación que había hecho del gran narrador y poeta y periodista Chito Castellano. A este Chito Castellano yo lo he leído algo, un poco (esas diez primeras líneas de Madame Bovary que en Tijuana esta tarde nuestro hermano Roncero reprochaba a Ramallo, hablando de los episodios nacionales españoles del hombre que sacudió las alpargatas cuando se despidió de Gran Canaria, para dejar el polvo macilento canario detrás y por fin acceder a un lugar donde se aprecia el arte de escribir, no como Alonso Quesada, que tuvo que quedarse, aunque también es verdad que cuando salió, lo que vio en Madrid no le encantó su vida. (Fue a Madrid como poeta. Tenía que haber ido como republicano bananero.) En fin, los oyentes perdimos una disputa Roncero-Ramallo (hubiera ganado Ramallo a los puntos, un tío elegante, que sabe estar y sabe decir, porque sabe oír), y perdimos la disertación lizundiana sobre la usupaciomes marcelinianas, una por culpa de Ramón, que se lo tomó por la tremenda, y otra por consecuencia de Charlín el antiguo corredor de fondo galaico universal, que interrumpió, con vuelta a Marlou Diesel, el segundo libro de relatos de Marcelino, superado (estoy de acuerdo con Lizundia) por Y fumar puede matar. Menos anecdótico, más rotundo.
En fin, vitriólico diario, aquí me tiene de nuevo. Con una semana con mi hija que sólo ella, tan buena escribiendo como Ramallo y como Marcelino, narrará, si se anima. Contando ella, yo mejor no cuento nada. Ahul.

1 comentario:

Campanilla dijo...

¡POR FIN DE VUELTA AL BLOG! Esto ha sido en una semana como una larga cuarentena para tus lectores, espero que en de aqui en adelante pueda haber continuidad a pesar de las multiples dificultades con las que convives ahora. Animo y p'alante.