jueves, 7 de julio de 2011

primer baño en la mar

Esta vez bajo en el coche, lo aparco en la calle Febles Campos (cuántas historias me despierta la memoria, podría escribir una novela sin salir de esta calle, llena in illo tempore de maricones asquerosos y otros que no lo eran, sino benditos de Dios), y subo a La Colina. El otro día se estropeó el ascensor, con un servidor dentro, y maldije a todos los demonios. Subí al séptimo. Saludé a la enfermera de la Cuenca Minera, asturiana; llevé al progenitor al wáter y luego lo vestí, lo coloqué en la silla de ruedas y lo saqué a la calle. Lo llevé hasta cerca de La Rambla, y sudé a chorros para subirlo otra vez hacia arriba. Una rueda de la silla estaba medio desinflada.


--Chito, este paseo no me lo des más porque me dejaste molido.


Ya arriba, nos comemos unas papas y uns tollos que le trajo ayer Salvador (el novio de mi sobrina Famara) con unas birras que compré en el bar...


--Mañana ven temprano pa que me saques, porque Mundi tiene que ir al médico... Pa eso te dejé la herencia, pa que me cuides.


--No me hables de la herencia, porque le quito los frenos a la silla y la lanzo por la calle pabajo, pa que aprendas latín...


--Coño, cómo eres, no piensas más que en el dinero...


--Es que me estoy volviendo judío. No como tú hija, que es gentil y espiritual...


En esto llega la hija. Ni un segundo con la sujeta. Me voy. Estoy en estado catatónico. Necesito un baño de mar. Las Teresitas, qué remedio. El primer baño del verano. Me deja la mar de bien, mejor que caminar sobre la hierba.


En el bar Castillo veo a Orlando y a Deivi. Orlando me dice que tiene una botella de Santa Cruz en la casa. No me gusta ese ron. Deivi, que si llamo a Chani pa recoger un paquete de libros. Llega Chani. Una rubia, novia de F., grita contra otra rubia, novia de G., hermano de F., que la insultó en la plaza. Llega la rubia de G a la zona del Castillo y se fajan las dos, en una pelea masculina, nada de tirarse por los pelos ni mordidas, sino puñetazos y tortazos.


--Mierda, ¿es qué no hay nadie que separe a estas mujeres? --digo, y pretendo salir del Castillo, no a separar mujeres, sino a ver mejor la pelea, pero Chani y mi primo David cree que voy de no sé qué y me impiden el paso. La novia de G cae al suelo, la ropa rota, casi desnuda, y la novia de F sangra por la boca.


Vamos Chani y yo con Deivi a buscar los libros. Orlando detrás. Mi madre, pienso en Orlando y pienso en el ascensor el otro día en La Colina.


Una caja de libros nos deja Deivi. Los llevaré a la próxima clase. Haré una subasta.

2 comentarios:

Riforfo Rex dijo...

joder.(quiero decir que me ha gustado. Es como estar asistiendo a una vida. Bien.)

Campanilla dijo...

El tren de la realidad. El viaje por la vida cotidiana, con sorpresas en los andenes, donde suben nuevos pasajeros y bajan otros, mientras algunos pocos se quedan a tu lado para continuar el viaje juntos.