miércoles, 28 de enero de 2015

y 4

Ramón me puso sobre la pista curativa.

1. Dormir desnudo con una mujer desnuda. Tengo que enterarme las toxinas que ese remedio elimina y los componentes venerables que crea en el cuerpo.
--¿Dormir sólo, sin más? --pregunta Marielena en El Escondite.
No la invito a comprobar si con más o sólo dormir, porque tiene novio formal. Quico, que grabó con su pequeña cámara negra un plano frecuencia de Charlín hablando de su monotema preferido: Charlín. Había llegado de negarle una aventura a la italiana que lo invitó a viajar en su coche, y de su desventura con K, a quien encontró llorando y no le dijo qué grande la tienes y qué notable escritor estás hecho, sino que lloraba y lloraba, y el gallego si la amada no habla dél, y bien, no la penetra, no se acopla, no se pone el preservativo, no se corre, y se ahorra la ducha.
Berto disertaba sobre otro peninsular afincado en Tenerife que no sabe sino echarse flores. De una ciudad donde el tótem es un animalito con el pelaje floreado.
--Ese hombre es de los que creen que te pueden decir lo que les da la gana, pero no se te ocurra a ti responder ni la cuarta parte.

Antonio Lorenzo, que en su día tuvo un enfrentamiento duro con su compatriota, anotó la observación. La pondrá en su próxima novela. 

2. Meter el pie en la arena volcánica de la playa, como hacían los suecos baldados que venían a curarse a la isla. Ramón dio una explicación científica. Lo comprobaré cuando llegue el calor, si llego yo también.

Según mi doctora, la analítica la tengo estupenda. Como un chaval. Y secuelas de una antigua enfermedad de juventud, no sólo no tengo ninguna sino que incluso he creado poderosos anticuerpos. El problema es que tengo que comer mejor y... esperar que pase de largo este raro invierno.
No le dije, no a la doctora sino a la enfermera que me atendió antes, si quería dormir conmigo desnuda por las noches. A lo mejor me decía sí pero con algo más, y por ahora no estoy para más, ni menos. 

Berto me manda el poema, que tendrá unos treinta versos de arte menor, tal como lo recuerdo cuando me lo leyó por teléfono, pero envuelto en 14 páginas de estudio-explicación. Sólo puedo abrir una página. Y el estudio explicación tiene su miga, a juzgar por esa primera página, pero yo lo que quería era el poema. No tengo ganas de explicaciones. 

Sobre el caso del autor, otro yo-yo, de una novela y su proyecto... bueno, que le den. 

Bajé aquí (cíber de las tres mujeres) para copiar un sueño de hace algún tiempo. A manera de conjuro, el copiarlo. Otro día. Ya casi agoté las palabras de hoy. Ganas de que Ibrahim haya arreglado la antena y ver el partido a las nueve. Voto por el equipo del Cholo, pero me temo que va a ganar el Barcelona.  

*
--No digo nada en la novela... --observó Ramón.
Es verdad, mudo total. A lo mejor no, pero como tiene prejuicios, según Charlín, no se da cuenta de lo que sí se da cuenta su idolatrado crítico. Ejemplar gallego.  


1 comentario:

Ana San Sebastian dijo...

Soy la "italiana" que le propuso una aventura en coche a Charlín, según el autor del blog. Para empezar, no soy italiana, y para seguir, lo único que quería era llevar a Antonio a su casa porque sé que no tiene coche, y cuando me dijo que debía ir a ver a Karen, le pedí que me acompañase hasta donde había aparcado el mío, porque estaba muy lejos y era tarde. Fuimos con otro conocido, que puede desmentir esa chorrada de aventura. No formo parte del ambiente de Charlín y menos de sus gustos en cuanto a las mujeres. No me gusta ni como hombre ni como escritor, y se lo he dicho muy claro siempre. Es un conocido simplemente. Que se enteren bien antes de publicar idioteces.