lunes, 19 de diciembre de 2011

la guerra de los inmundos

Aquí todos nos reímos de todos. Aquí no hay caballeros, y quien lo parece es apariencia. Bukowski le tenía fobia a las risas enlatadas, la que salían en los telefilmes, que recordaban al telecpectador cuándo debía reírse. Ja ja ja. Risas enlatadas de este estilo. Perlas negras. Velas negras. Que vivan las negras. Enfrente de mí, aquí en el Tea, hay un africano que trasmite energía, belleza, poder personal. "En Africa no hay caballeros", decía antaño mi amigo Pedro. Yo lo que decía Pedro en aquellos tiempos de alegre juventud iba a misa. Ya no. Ya ni siquiera se santigua cuando pasa por delante de una iglesia. Pero la frase quedó como una mosca verde de la bandera que delata lo que somos los canarios. Moscas verdes. Como en el cuento de Pepe Monagas mira el mapa, Gregorito. "Si son islas, estamos salvados, pero si son cagadas de mosca...".
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Anoche desperté a las dos de la madrugada. Hice algo en casa y salí a la calle. Le estoy cogiendo gusto a Santa Cruz. Es una ciudad dramática. Hay que tener un espíritu dramático para poder quererla. Pasé por aquí (el Tea), ordenadores apagados. Seguí caminando hasta Valleseco. Hasta la cafetería de La Ducal. Lo único que deseaba era tomar un café y leer (El Día) (soy un adicto a El Día, a las columnas de Andrés Chávez y de Peitaví. Y al renovado estilo del gran editorialista. Más suelto, más agresivo, sin pelos en la lengua. Más atento a las leyes del lenguaje que a las leyes de la ciudadanía. (también últimamente hojeo el DA, especialmente los artículos de González Jérez.). A la vuelta a casa, subiendo por la calle El Castillo, Chachán brilla por su ausencia. Luego, ya en La Maldad, en el DA veo la noticia de su muerte. ("¿Eso es lo que a ti te gustaría ser de mayor?", dijo Campanilla cuando vimos a Chachán... Yo últimamente llamaba la atención de mis amigos sobre Chachán como símbolo respetable de Santa Cruz (mi padre paz descanse decía que era un sinvergüenza). Bueno, que me extrañó no verlo cuando subía por la calle donde tenía su chozo al aire libre. Algunos admiramos a la fiera que no ha sido domesticada. O por lo menos, a la idea de esa fiera. Chachán negaba el trato al resto de la humanidad, aún viviendo entre humanos se desentendió de los humanos. Por fortuna, a mi parecer, las leyes permitieron dejarlo tranquilo, con su lenguaje de gruñidos. Yo lo recuerdo (no sé si es verdad o lo soñé) regalando a mis tías abuelas, que vivían a la entrada de San Andrés, cajas de rapé. Ahora no recuerdo a mis tías estornudar cuando sorbían por la nariz aquellos polvos blancos... En el periódico lo llamaban El Legionario. Nunca supe que alguien lo llamara así. Satán algunos y Chachán por lo general. Era de San Andrés. En paz descanse. Y que Santa Cruz no te olvide, amigo.
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Antes, bajando hasta aquí por la parte urbanizada del Gran Canal, recordé un cambio de pareceres con Yael una noche. Ella decía que la democracia era preferible a la dictadura. Yo no estaba muy seguro de eso, por lo menos en plan categórico. Las cosas --si no peco de ignorante-- son en sí mismas y en sus efectos. Pregunto, a Yael o a quien sepa, ¿no ha ocurrido en algunas dictaduras que los gobernados crean un sentimiento solidario, mientras que en algunas democracias la solidaridad está en las leyes pero no en los ciudadanos? Bueno, esta paradoja, si lo es, la dejo para mañana martes. Aunque la cosa va a discurrir por los asuntos de la poesía, qué es la poesía en sí misma y en sus efectos. O por lo menos la poesía de José Marrero y Castro, invitado mañana al programa La Puerta, a las seis de la tarde en Radio Unión Tenerife.
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Soñe que en el mercado del amor me agenciaba con una no novia. Las novias quedan atrás. Ni puedo atenderlas, ni defenderlas, ni invitarlas a comer. Ni pasar por la agonía de tener que atender, defender y que sean ellas las que inviten. Con la no novia no había invitación formal. Comíamos y la comida estaba excelente. Y el vino exquisito. Y su compañia, como ver amanecer después de la noche más larga. Sé que caminábamos a una playa nudista, sin que la exigencia sexual fuese un imperativo necesario. Allí había una orgía. Mi madre, nos asustamos, salimos corriendo. Eso tienen las no novias. Con mi no novia me siento sin obligaciones ni perturbaciones. Entonces me despertó el timbre del teléfono. No lo cogí.

3 comentarios:

Campanilla dijo...

Yo casi juraría, --pero no lo voy a hacer porque mi memoria no es lo que era-- que no dije eso al ver a Chachán, además tampoco me fío de tu oído y tus entendederas...jajaja.
Puede que El Cuervo lo tenga grabado en el vídeo que le hizo y nos saque de dudas.
En cualquier caso, la calle Castillo va a echar en falta al personaje, sus cartones amontonados debajo del banco junto
a Cortefiel, su manta y sus enseres junto los cartones y su mirada intimidatoria cuando alguien miraba demasiado...
La última vez que lo vi, estaba espectacular, estilo heavy metal a tope, camisa negra desabrochada, pantalones encerados, también negros, con el torso al aire y su tocado particular en la cabeza, y como no, desafiante como siempre, pero nada hacía presagiar un final tan rápido. En fin, descanse en paz.

Riforfo Rex dijo...

Vaya, el otro día, no sé cuando, en tu programa, supe de este personaje y ahora vuelvo a saber de él por última vez. Una lástima. Te doy el pésame a ti para que lo transmitas a la ciudad.

Jesús Castellano dijo...

Admito los agujeros negros de mi memoria. Voz de mujer era, aunque la frase no está al pie de la letra. Pero lo que ahora importa es la persona nombrada. Sí, Riforfo, transmitiré tu pésame a esta ciudad de Las Colillas, y a ver si el CNR tunea Las Palmas un año destos.