martes, 27 de septiembre de 2011

apuntes

Vences un escollo y aparece otro. C´est la vie. Vivir como víctima o como guerrero, es el dilema de don Juan yaqui. Un guerrero no se amilana, sino que se alegra, porque las dificultades lo ponen a bailar. Pos nada, a seguir bailando. Y seguimos con el agua. Los escollos de los trámites, por lo menos con Emmasa, parecen de fácil solución. El caso ahora, entonen saetas los que mal me miran, sigue siendo el agua. Rezuma por una baldosa del patio. Toco madera, por lo pronto es agua limpia. No sé si la solución será cercar la baldosa con delgados muros y hacer una pecera. Peces de colores en el centro del patio. Domesticar el charco que viene del fondo.
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Esta vez, gracias a la abogada de mi equipo de abogados, me he movido por los trámites mundanos como pez en el agua. Tendré que reconsiderar pensamientos, y reconocer las ventajas del amor.
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Nuestro Amado Líder escribió, del cuadro La plazoleta: "... trazos impresionistas, y sobre fondo amarillo resaltan los tonos verdes de las hojas de los árboles y turquesas del firmamento canario. Un par de viandantes no rompe la unidad del lienzo".
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Ayer debate encendido entre el cuervo y el nahualt. Me escoré hacia nuestro presidente de la ACAI. (Debo aprender más de Ignacio de Loyola y saber ponerme dentro de la piel de todos los personajes del drama.) Y un Sergio Barreto que gana altura en sus logros con la poesía. Pena que no acuda el próximo martes a abrir y cerrar La Puerta con poemas de Cernuda. "El más auténtico y valioso de todos los de la generación del 27", algo así dijo. Sergio sabe darle al verso la voz que necesita.
Como ya está anunciado, si hay suerte y salud, el próximo martes: TOX.

2 comentarios:

jose antonio manzano dijo...

sobre judíos y palestinos, como primos hermanos que sin llevan veintiún siglos dándose leña. Ni resoluciones de la ONU ni puertas arreglan eso. Salu2

Ramón Herar dijo...

Mientras se atrincheren en las lógicas de la guerra y la resistencia, no, me temo que no. Sólo espero que no vuelvan a perder el carro de la convivencia, el de que todas las partes tendrán que ceder en algo, incluido especialmente el delirio máximo de la limpieza étnica.