domingo, 21 de febrero de 2010

4-1

--Chito, fríete un plátano y un huevo y te lo comes con el arroz --dice mi padre, cerca de la diez, cuando vuelvo a casa, a cumplir con las gotas.
El progenitor está suave como una seda. En este pueblo cambian de humor como del ying al yang.
Dos horas antes, con Ramón en casa, me armó un pollo pelado porque le pregunté que si se estaba haciendo de comer. Menos mal que yo no tengo importancia personal ni ego ni demás boberías en que se consumen los pobres humanos. Yo lo que tengo es hambre, pero disimulo. Aplaco la bronca del progenitor y bajo con Ramón al Monterrey, a tomar las penúltimas. Hablamos de los amigos, criticamos a este y al otro y ponemos a cada cual en su sitio en la comedia del arte. El que no se sabe en qué sitio está es el poeta Omega. Bueno, si se sabe. Está en la barra, aguantando a la novia. A Ramón le entra un inspirado arrebato y pide a Fernin pulpo estofado, pescado blanco al horno, papas negras y huevas de esturión. Y que deje en la barra la botella de Aldea, para digerir bien la comida. Mmm, mejor que con una mujer.
El pobre Ramón está tan compungido porque perdió el Tenerife, que necesita contentar la barriga para aliviar las penas del alma. Ojalá pierda siempre el Tenerife, y lo celebremos aquí o en cualquier otro lugar como éste. Omega acecha, pero no se atreve a pedir a Fernin dos cubiertos más, uno para él y otro para la novia. Su humor agraciado del principio se agría.
Nos quedamos hartos, buen sabor en el paladar, y Ramón vacía en nuestros dos vasos generosamente la botella de Aldea. La noche es espléndida. Beba, en la esquina de la barra cerca de la puerta, nos llama.
--Migo, ven aquí conmigo, y tráete a tu amigo.
Nada que objetar. Es fortuna estar con una mujer guapa, simpática y elegida de los dioses. El poeta Omega, desde más allá, me lanza miradas con cuchillos helados. Como si cantara la misa del rosario. Beba se interesa por mi amigo Ramón, mi amigo Ramón se interesa por Beba. Y la plática ronda los episodios de carnaval. Junto a lo que ellos cuentan, el reportaje que dieron en la Cuatro es un cuento de hadas. Pero me tengo que ir, son cerca de las diez.
--Ya comí --le digo a mi padre--. Me invitó Ramón.
--¿Le dijiste que fuera contigo a Icod a podar la viña?... Mejor te llamo mañana temprano para llamar al seguro, y luego vamos los dos a Icod para que cargue la batería...
--Bilbao 4, Tenerife 1...

5 comentarios:

Ramón dijo...

OMBLIGOS CULTURALES (I)
El pasado viernes estaba marcado en el calendario por el acontecimiento que Luis Moncada nos había advertido convenientemente a nuestros correos; “7 artistas en busca de Armonía”, exposición colectiva fruto de los esfuerzos del Taller de Martinet en su Art Studio de Las Cancelas (entre Playa Paraíso y Callao Salvaje, Adeje). “Dime si es verdad/ ese atardecer/esa fuerza superior/de colores y rayos…” Pablo Emilio Cárdenas, heterónimo de Luis, ya nos ponía en situación. La serie de pinturas de Michel Martinet las conocía por el blog de Luis (http://pabloemiliocardenas.blogspot.com/) y me resultaban tremendamente sugerentes. A Luis también, inspirándole su serie de poemas coloristas y de resonancias exuberantes.
Llamo a Antonio Núñez y no da signos de vida, no sé si va a estar por allí. Sonia Muñoz me dice que sí, que van a ir para allá ella y su marido. Bien, a media tarde ya tenía previsto el planing. Primero me dejaría caer por Adeje city, aprovechando que me quedaba de paso al estudio de Martinet, allí iría por Todo Hobby. Hacía tiempo ya que el amigo Antonio Gómez Charlin me había dicho que dejaba en esa librería sus novelas. La última: “Las Bellezas de Kyoto”, todavía no había podido conseguirla. Quise comprar dos ejemplares para dejarles uno a Jesús R. Castellano y a Marcelino, el oyente (ellos que se lo rifen luego). Al final, sólo quedaba uno, otra vez será. Al salir de la librería, en la esquina de enfrente, veo anunciado en una pizarra y con tiza: “Hay arepas”; esa combinación casi nostálgica de soporte y mensaje, me atrae como un imán. Me encantan estos lugares gastronómicos mestizos, producto natural de la emigración y no del márquetin globalizado, de la gastronomía financiera multinacional. Éste tenía una estética cercana a los más populares de la Colombia que conocí en mis años mozos, aunque con algunas modernidades. Además de las arepas y las cosas habituales de cualquier bar, también hacían churros. El mismo aceite vale para todo, qué consuelo. Me pido un cortado largo (que me traen frío) y una arepa de mechada. Sólo había dos posibilidades: jamón y queso o mechada, y eso ya me desconcertó un poco acostumbrado a la variedad de “nuestras” areperas. Tampoco tenían alguna especie de salsa tipo guasacaca o algo así para acompañar la arepa. Al final sí que tenían algo y la señora me trae dos tarros de artesanía industrial (curiosa conjunción de dos términos antitéticos) culinaria de canarias: Mojo verde uno, y Mojo colorado el otro. Colorado sí me quedé yo, y me prometí desconfiar más de mis propias nostalgias y de las multiculturalidades culinarias al uso.
Ya se hacía de noche y salgo de Adeje al punto de encuentro con la parejita, antes de ir a la exposición. ¡Joder! Ya me costó alguna incertidumbre entrar al pueblo y llegar hasta la librería, pero ahora es que me sentía perdido después de pasar por la iglesia de Los Olivos (que ya es distinta a la que conocí, pero todavía sigue estando en el mismo lugar). La conexión hacia Playa San Juan me desconcertó completamente y a base de ensayo y error logré dar con ella. Esta parte de Adeje se ha desfigurado completamente, ¡esto es otro país!.
Después, la llegada al Art Studio de Martinet se dio sin mayores sobresaltos (si omitimos que me confundí de gasolinera). Lógicamente, la parejita a esas alturas ya estaba en la exposición y allí disfrutamos de las obras, de la presentación a dúo de Michel y Luis, así como del ágape subsiguiente. El ambiente era bastante cosmopolita, con predominio francés naturalmente, aunque demasiado entrado en años para mi gusto. En fin, está claro que el dinero y la juventud no suelen estar muy ligados, como nos confirmamos en nuestra conversa Alberto Linares y yo. Aquello era para lo que era: amistad y ventas. Pero, ojo, que siempre hay lugar para sorpresas.

Ramón dijo...

OMBLIGOS CULTURALES (II)
Me gustaron las pinturas de Maurice Serfati, con esos temas alegóricos y aquellas féminas de intrigante mirada, y, especialmente, los muebles de cartón de Jacques Schumacher con su diseño audaz de cómodas y mesas de noche. Pero me gustó, sobre todo, su fantástico asiento que se estiraba y encogía en plan acordeón (la curiosidad de la noche); válido tanto para una persona en un pequeño rincón, como para veinte una vez estirado en una amplia sala. Las posibilidades del sillón parecían infinitas, y todo ello confeccionado con cartón de reciclaje tipo panal. Cojonudo.
Nos despedimos de los anfitriones Simone y Michel, así como de Luis Moncada, prometiendo nuevos encuentros para el futuro. Vamos a ver. La parejita y yo nos decidimos por continuar en Los Cristianos y les propongo la Tasca Andaluza, que no conocían, frente al restaurante El Sol y donde estaba antiguamente (ya hay que hablar así, ¡dios mío!) el supermercado de Nicolás Sierra. Allí nos encontramos con Antonio Núñez (mira dónde fue a aparecer) y el Petate, acodados a la barra junto a otros dos que no conocíamos.
Con el Petate tuvimos buena conversación de aventuras y anécdotas pasadas, hasta que saltó el tema del Coreano (otro de los personajes "playeros", aunque adoptivo) y su fama de mala lengua. En un momento determinado Alberto hace alusión a esa anacrónica característica de los "playeros": deslenguados y cariñosamente ofensivos, pero... —Eso ya tiene que ser algo del pasado, joder, que antes cuando esto era un pueblito y nos conocíamos todos, había esa confianza. Pero ahora no puedes ir comportándote así con gente de todos lados. Las cosas cambian y la gente parece que no se quiere enterar. Y bla, bla, bla, continuaba Alberto con su argumentación. Yo, por mi parte, me acordaba de ese estudio antropológico que hizo de Los Cristianos Kenneth E. Moore, allá por los años 60. Él describía, como uno los rasgos sociológicos de las gentes de aquí: la costumbre de las madres, nada más enterarse, de ir gritando por todo el pueblo la desgracia del embarazo ilegítimo de alguna de sus hijas. La cuestión no era baladí, pues activaba un curioso mecanismo público de resignación y empatía que neutralizaba cualquier rechazo popular que asumiera el sistema de valores morales imperante en esa época. Esa es la actitud que encontré entre mis congéneres en muchas otras ocasiones; deliberadamente desinhibidos para comentar en voz alta las mayores intimidades, como si al hacerlo público se espantaran de pronto todos los fantasmas. Pero ahí no quedaba la cosa; la demostración suprema de familiaridad y compadreo se llevaban hasta el extremo de podernos insultar levemente y hasta pegar en público, aunque con expresiones más o menos pautadas, que tampoco debían ser excedidas so pena de tener reprimendas en respuesta. Con los Bello recuerdo que comentaba algunas veces esa cuestión y ellos lo resumían todo diciendo —¡El "barqueraje" es el "barqueraje"!
Está bien. Hace un par de semanas me había encontrado con mi amigo Quico Hernández en el Ayuntamiento de Arona (allí trabaja). Él es de La Laguna, pero hace ya como 30 años que se vino para Los Cristianos, más o menos los mismos que yo llevo en La Laguna, pero soy de Los Cristianos. Nos fuimos a tomar un café, pero al final yo me decido por un jugo natural de naranja (no quería irritar a mi garganta más de lo que ya estaba). Cuando me lo sirven me doy cuenta que tenía tremendo cubito de hielo, la chica ya se había marchado y no sabía cómo quitarlo rápidamente antes de que se enfriase demasiado, miro para el café de Quico y cojo su cucharilla para quitar el hielo sin mediar palabra, en un gesto que creí de lo más inocente después de tantas aventuras juntos. —¡Bueno, ya está! (me reprendió). Él puede vivir en La Laguna toda la vida, pero sigue siendo "playero". Confianzudo como los "playeros".

Ramón dijo...

OMBLIGOS CULTURALES (III)
¡Ala, viva la pepa! Pero a ti no te han enseñado algo en la Universidad, no has aprendido un poquito de comportamiento en esa Laguna, ni nada. Tú "playero" hasta la muerte ¿no?
La salida de tono de Quico me sorprendió. Seguramente le pilló cansado de algunas de sus batallas cotidianas con la idiosincrasia playera, pero no dejé de pensar que ciertamente, después de tantos años, lo que a mí me impedía ser completamente "lagunero" era lo mismo que a él le impedía ser completamente "playero", pero claro, lo de él es natural, mientras que lo mío no tenía perdón de dios. Está bien, todo se saldó con un trozo de servilleta limpiando la cucharilla para dejarla en su estado original, pero no dejo de pensar en cómo funcionan nuestros pequeños ombligos culturales y en que ese reproche, quizás, no me hubiera pasado con otro "playero".

Jesús Castellano dijo...

Recordatorio:

Este martes en La Puerta, Radio Unión Tenerife, a las seis de la tarde, el plan de ordenación urbana de S/C de Tenerife, con los invitados.

Felipe Campos, Atonio Espinosa (abogados) y Antonio Ramos (profesor de Literatura Medieval).

ANTONIO dijo...

TRIPAS NOCTURNAS
Ay, Ramón, digo Monchi. Que al final me acabaste concediendo el poder nombrarte como a un chiquillo de flequillo increible y tez morena sobre piel blanca palmera.
Ya sé y sabemos (Laloju y yo) que cediste y podemos llamarte Monchi. Así lo hacemos, pero sólo por diferenciarte. En eso no hay ni confianzudez ni agravio.
Lo de no acudir a la llamada del poeta y amigo Luis fue un olvido y es un pesar. Lo de encontrarte en la Tascandaluza una alegría. Cierto es que me sorprendiste gratamente al verte aparecer en compañía de la pareja berlino-canario-venezo-peruanomericana. ¿Sabes?, no supe que me deparaba una de las mitades de la mentada pareja.
Además ¡jódanse¡ ustedes llegaron después que yo y acababa de conocer a una pareja de vascos que me hablaban de La Fura y sus montajes. Aunque, al final, no fue tan mal la noche y acabamos en el Mestizo como amigos bien avenidos. ¡Todos¡, la pareja, Monchi, el disidente de Luis Moncada y los vascos. Hacía algún tiempo que no pasaba un prolongado rato en tan armoniosa, divertida e intelectual compañía. Fue magnífico la charla en la terraza mestiza. Berlín estuvo a la altura que le corresponde en el debate fonético sobre los jóquinos, es decir brillante. Tú le anduviste a la zaga pero él llevaba más peso en el debate pués te tenía que contradecir. A mí me convenció, aunque ahora no me acuerdo de qué.
En fin, pasé un buen rato y os lo agradezco.